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Reinventar el oficio

“La lectura era un vicio profesional”
-Gabriel García Márquez

    El periodismo actual, al menos en México, está compuesto por declaraciones y por cifras frías, dos características que han desvirtuado el oficio de la información. Las notas periodísticas son pequeñas capsulas que se limitan a narrar un hecho y en el peor, son solamente una oración dicha por alguna autoridad o el número de muertos del día. Claro, podemos culpar a la tecnología, a la modernidad y a un mundo cada vez más preocupado por la inmediatez, pero es poco loable que, los supuestos intérpretes y narradores de la realidad se conformen con “pasarnos al costo” lo dicho por las fuentes oficiales. La apatía por la actualidad es un engaño de la posmodernidad, el mundo siempre ha estado y sigue ávido de información, necesitado de mediadores entre la realidad y la sociedad; una vez que estos mediadores se resignan a leer un comunicado de la presidencia y a basar en él su nota principal, todo el oficio del periodista pierde su razón de ser.

En una época tan violenta como es la que se vive en México, el periodismo cobra una importancia aún mayor, y no debe en ningún caso intimidarse ni conformarse. El hecho de que los mal llamados “líderes de opinión” digan: “Van más de 50, 000 muertos en el sexenio” no implica ninguna labor intelectual digna de ser llamada periodismo. El interpretar esta cifra y analizar las causas y consecuencias de la misma, conecta más a la audiencia con su entorno social. Los números no mienten, pero tampoco significan gran cosa. Lo verdaderamente importante radica en lo que se esconde detrás de esos muertos, cada historia, cada familia, cada vida arrebatada debe de tener un peso específico, sólo así el periodismo acerca a la sociedad a su realidad social, y al confrontar esta realidad, la ciudadanía podrá comprender y ser empática y (quizás) útil. En palabras del periodista y escritor argentino Tomás Eloy Martínez:

Cuando leemos que hubo cien mil víctimas en un maremoto de Bangla Desh, el dato nos asombra pero no nos conmueve. Si leyéramos, en cambio, la tragedia de una mujer que ha quedado sola en el mundo después del maremoto y siguiéramos paso a paso la historia de sus pérdidas, sabríamos todo lo que hay que saber sobre ese maremoto y todo lo que hay que saber sobre el azar y sobre las desgracias involuntarias y repentinas.  [1]

La narración debe ser un recurso para los periodistas en la actualidad, si lograran conformar una historia, y a través de ella explicar un fenómeno social, el resultado sería una mayor comprensión de la audiencia para con el hecho tratado. Y esto no es válido únicamente para el periodismo escrito. Aunque la televisión y el radio se basen en imágenes y voz respectivamente, es la forma y no el formato lo que impacta al espectador. Aunque en general no podemos permanecer indiferentes cuando observamos el lanzamiento de un misil el Libia, el impacto es mucho mayor cuando conocemos al dueño de la casa donde impactó ese misil, pues se crea inmediatamente un vínculo sentimental, la terrible sensación de: “Caray, eso podría pasarme a mí.”

El lenguaje es el vehículo mediante el cual las historias toman forma, y depende enteramente del narrador el dar credibilidad y fuerza a un suceso por medio de las palabras; por lo anterior se vuelve fundamental un uso correcto y comprensible de la redacción y la narración, así como un conocimiento extenso del tema a tratar. Lo señala el llamado mejor reportero del siglo XX, Ryszard Kapuscinski: “Personalmente creo que existe una relación entre la lectura previa y la buena escritura: para escribir una página debimos haber leído 100. Ni una menos.” [2]

La literatura brinda magníficos recursos que pueden aportar una mayor claridad al lenguaje del periodista, por esto no es de extrañar que algunos grandes narradores primero hayan sido periodistas y luego escritores. Es el caso de Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Vicente Leñero o el propio Eloy Martínez. Precisamente García Márquez (premio nobel de literatura), inició una fundación para renovar el periodismo en Latinoamérica y volverlo más humano, más subjetivo y narrativo. Este esfuerzo lleva por nombre: Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI). En su discurso Periodismo, el mejor oficio del mundo, donde sienta las bases de la FNPI, García Márquez menciona: “El sustento vital del periodismo es la creatividad, y por tanto requiere por lo menos una valoración semejante a la de los artistas”[3]

El periodismo es una actividad sin bases teóricas, nace de la práctica y la necesidad de información, sin embargo lleva en sí mismo la causa de su mal, pues al nutrirse de la actualidad rápidamente da paso a eventos más recientes, dejando muchas veces inconclusos temas de gran importancia. Como lo indica el mismo Kapuscinski en La guerra del futbol: “Nuestra profesión recuerda el trabajo del panadero: sus bollos conservan el sabor mientras están calientes y recién hechos; a los dos días, se vuelven duros como una pierda, y a la semana cuando se cubren de moho, ya no sirven sino para ser arrojados al basurero.” [4] Pero los textos periodísticos pueden fungir como una denuncia, como un documento de memoria, en el cual se asiente no solamente un relato o una crónica, sino un análisis del evento narrado y de la importancia del mismo. Este tipo de literatura puede llegar a tener un valor académico, pues sin las ataduras de una disciplina formal, el periodista se convierte testigo y rapsoda de la actualidad y el pasado.

Gabriel García Márquez. Obtenida de: biografiasyvidas.com


[1] Eloy Martínez T. Periodismo y narración. 26/10/2011.

[2] Kapuscinski R. Los cinco sentidos del periodista. México. 2003.

[3] García Márquez G. Yo no vine a decir un discurso. Literatura Mondadori. México 2010.

[4] Kapuscinski R. La guerra del fútbol. Barcelona 2008.

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Esclavos de nosotros mismos…

La más reciente novela del escritor mexicano Enrique Serna es, además de una divertidísima historia, una crítica ácida, descarnada y descarada, que hace reflexionar a los lectores masculinos acerca de un pequeño o gran problema que se esconde entre sus piernas.

En cada capitulo de La sangre erguida el lector se enterará de una fracción de la historia de tres hombres, tres vidas que habrán de unirse en la libertina ciudad de Barcelona por un problema en común: El pene.

Los protagonistas principales son: Bulmaro Díaz, un mexicano que deja familia, amigos, negocios y dinero en su natal Veracruz y cruza el Atlántico siguiendo a una diva de los clubes nocturnos; Juan Luis, un actor porno argentino recién entrado en la difícil edad de los cuarenta años, que va a Barcelona a tratar de cumplir un contrato más, y finalmente Ferrán Miralles, un catalán acomplejado por su nula capacidad amatoria que encuentra una aparente solución en el viagra.

Estos tres personajes, redondos, frustrados y cuya vida gira alrededor de su falo, son la encarnación del machismo, los fracasos sexuales, la pasión y el amor. Serna se vale de ellos para crear una historia que, si bien a primera vista parece trivial, esconde en los resquicios una profunda reflexión y una burla hacia la exagerada importancia que los hombres dan al sexo y su performance como amantes, el culto que le rinden a su proveedor de placer, la sangre erguida que los somete como esclavos de sus propios complejos y pasiones.

Imagen obtenida de: akantilado.wordpress.com

JP

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La muerte en vida: La novela Pedro Páramo

El 7 de enero del año en curso, la sociedad mexicana conmemoró el 25vo aniversario luctuoso, de uno de los más importantes escritores en la historia de las letras mexicanas : Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, mejor conocido como Juan Rulfo. Y el pasado sábado 19 de Marzo, se cumplieron 56 años de la publicación de la novela Pedro Páramo, el libro más representativo de Rulfo, que vendría a cambiar el ejercicio literario en lengua castellana para siempre.

“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo.” Con esta contundente frase comienza, una de las obras más emblemáticas de la literatura hispanoamericana y universal, publicada en el año de 1955.

Esta novela, precursora del llamado realismo mágico, abrió un abanico de interpretaciones y posibilidades para las futuras generaciones de escritores. Relata la historia de Juan Preciado, un hombre que va en busca de su padre a su natal Comala; a la par que narra la vida de Pedro Páramo (el padre de Juan Preciado), un cacique despótico e infame, que termina por matar de hambre y de odio a todo su pueblo.

En las páginas de este libro, Juan Rulfo describe con maestría el ambiente desolado y sombrío de un pueblo, que se encuentra para él, en la misma boca del infierno; combinando de manera magistral la magia y la mística con  la realidad social y política de este tipo de sociedades, esparcidas por todo México. A su vez, Rulfo  muestra  con sobriedad y autoridad, eventos como la guerra cristera, las costumbres religiosas, las muertes y apariciones fantasmales de los habitantes de Comala, la vida diaria de una sociedad rural, mágica a la par que sórdida.

Escrita sin un orden cronológico particular, y a base de “anécdotas” o historias aisladas que se van entrelazando, Rulfo compone una sinfonía literaria estridente y profunda, que ha sido objeto de análisis por parte de los más grandes escritores y críticos del mundo.

A pesar de que la historia de la literatura, se ha encargado de darle su sitio a Pedro Páramo, la crítica fue, en un principio, sumamente adversa para esta novela; que llegó a tener como único partidario de peso, al escritor mexicano Carlos Fuentes. Sin embargo con el tiempo, autores de la importancia de Octavio Paz, Jorge Luis Borges o Alí Chumacero reconocieron el talento, la calidad y la fuerza que Juan Rulfo imprimió a su única novela. Incluso el premio nobel colombiano Gabriel García Márquez ha reconocido, la enorme influencia de Pedro Páramo en su obra; especialmente en su novela cumbre: Cien años de soledad.

A 56 años de su publicación, Pedro Páramo sigue siendo tal vez la novela mexicana más importante. Numerosas tesis, ensayos e interpretaciones han sido realizados alrededor del mundo, para tratar de comprender a cabalidad, la magnitud artística y social de esta obra. Sorprendente de principio a fin; desde la construcción de personajes y espacios hasta la narración de la vida y muerte de Comala; Pedro Páramo es sin duda una obra compleja y apasionante, que sigue provocando asombro y sorpresa entre los nuevos y viejos lectores, en todas partes del globo.

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Óscar de la Borbolla en la FILPM*

El escritor y filósofo mexicano Óscar de la Borbolla, dio el pasado lunes 28 de febrero, una conferencia titulada: “CHARLA SOBRE LA IMPORTANCIA DE LA LECTURA” en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería. La plática congregó a más de cuarenta personas en el Salón Manuel Tolsá, quienes escucharon entre risas y reflexiones, el interesante punto de vista del escritor acerca de una sencilla pregunta ¿Por qué leer?

La charla comenzó con un comentario sencillo por parte de Óscar “Cuando uno viene a la Feria del Libro en domingo, piensa que está en otro país”; haciendo referencia a la enorme afluencia que tiene la FILM los fines de semana, y prosiguió comentando las preocupantes estadísticas de lectura a nivel nacional: Poco más de dos libros per cápita al año. “En mi opinión son estadísticas optimistas, tomando en cuenta que se incluyen los libros de texto gratuitos”.

De la Borbolla comentó que somos poseedores de una memoria colectiva y heredamos determinados comportamientos o conductas de nuestros antepasados, pero sólo por medio de la lectura nos es transmitido el conocimiento y la experiencia adquirida y pensada por los seres humanos que existieron antes de nosotros. “Si no leemos nos quedamos con lo que hereda cualquier animal Homo sapiens sapiens como somos nosotros. Eso podría explicar el bestialismo en el que vive este país”.

El autor de Las vocales malditas también señaló los libros como una importante fuente de vocabulario, de la cual aprendemos palabras y conceptos nuevos gracias al contexto en dónde están insertos. Estos conceptos nos ayudan a comprendemos mejor a nosotros mismos y al mundo que nos rodea pues “Yo puedo saber si estoy melancólico, nostálgico, taciturno o triste y no sólo encapsular todo ello en la palabra: jodido.” Así mismo dijo que no podemos percibir el mundo en su totalidad si nos faltan las palabras, debido a que los medios de comunicación actualmente manejan un vocabulario paupérrimo y es imposible así como poco productivo sentarse al leer un diccionario, recae en los libros la responsabilidad de enseñarnos aquellos conceptos que amplíen nuestra percepción, que nos ayuden a señalar y a comprender las cosas que día con día vivimos.

Además expresó que los libros son una ventana hacia mundos diferentes y tal vez mejores, con los cuales podemos comparar nuestra actualidad y decidir cambiarla.

Debido a lo apretado de los horarios en la FILM de la Borbolla sólo puedo contestar una pregunta por parte de los asistentes a la charla, que fue: “¿Cómo podemos diferenciar la buena y la mala literatura” Óscar respondió que la lectura debe ser un ejercicio individual, el cual no se debe limitar y que cualquier libro es bueno para empezar o incluso para quedarse. “No debe haber policías de la imaginación ajena” concluyó.

*Versión íntegra de la nota publicada en el semanario 8:80 de la Universidad Iberoamericana el 07/03/2011

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Cantidad y Calidad

México es un país plagado de ironías de todo tipo; de identidad, de ideología, de gobierno y hasta de cultura. El mexicano parece ser en todo momento un alma  risueña y picaresca en este extraño país que es la tierra del “Sí pero no”.  Sin embargo el reciente nombramiento de la periodista y novelista mexicana Elena Poniatowska como ganadora del premio Biblioteca Breve de Novela 2011 no hace sino confirmar una tremenda ironía cien por ciento hecha en México: Leemos poco y mal pero escribimos mucho y bien.

Las estadísticas obtenidas de la UNESCO y la OCDE colocan a México en el lugar 107 de 108 evaluados en cuanto a hábitos de lectura; entre otras cosas este estudio señala que el mexicano promedio lee 2.8 libros al año y más del 40% de la población no ha entrado jamás a una biblioteca. Datos a todas luces alarmantes tomando en cuenta las numerosas campañas a favor de la lectura que año con año circulan por el territorio nacional.

Claro, lo anterior no es de extrañar tomando en cuenta que de 106 millones de mexicanos, más del 40% vive en condiciones de pobreza de algún tipo (alimentaria, patrimonial o de capacidades) además del bajo número de inscripciones anuales a la educación media superior. Pero viendo más allá de las estadísticas una cosa es clara: Al mexicano no le gusta leer.

Y sin embargo el reconocimiento de una escritora mexicana como Poniatowska, por parte de la editorial Seix Barral con el Premio Biblioteca Breve por su libro Leonora, añade una condecoración más al amplio cuadro de plumas mexicanas laureadas por distintas asociaciones a nivel mundial.

Veamos si no: México tiene un Premio Nobel de literatura (Octavio Paz); cuatro escritores mexicanos han ganado el Premio Miguel de Cervantes (igual que Argentina y sólo superado por España); incluyendo a Elena Poniatowska cuatro mexicanos han obtenido el Premio Biblioteca Breve; Poniatowska y Xavier Velasco fueron reconocidos con el Premio Alfaguara de Novela en 2001 y 2003 respectivamente, y la lista sigue y es larga.

No podemos sino admirar la notable cantidad de reconocimientos que las letras mexicanas han obtenido a lo largo de su historia, además de la enorme producción literaria de jóvenes narradores que día con día buscan hacerse un sitio entre las librerías del país.

Así pues nos encontramos ante algunas preguntas incómodas: ¿Por qué habiendo tantos escritores mexicanos de alta calidad, el mexicano promedio no lee? ¿Será que dedicarse a la literatura en México no es mas que un “lujo solipsista” como diría Mario Vargas Llosa? ¿Acaso nuestra educación familiar y escolar no nos infunde un amor por las historias y los libros?  Porque es cierto que un esfuerzo como la reciente campaña de lectura “Diviértete Leyendo” puede tener toda la buena intención del mundo, pero sin una transformación de costumbres y hábitos por parte de la sociedad, es en el mejor de los casos, poco productiva. Parece ser que el verdadero cambio debe provenir del seno de las familias mexicanas.

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De vocales, ucronías y libertades

Me gustaría comentar en este post cual fue una de las principales fuentes de inspiración para abrir este blog. A pesar de que se ha ido desviando por rumbos muy agradables, originalmente la idea era solamente tratar de hacer literatura en línea; otro dato es que para mí la parte más importante del nombre del blog es: ucrónicas. Por eso la página es http://www.lasucroideas.wordpress.com. Escribir mis ideas ucrónicas en línea, y a la fecha es lo que intento hacer. Pero el término “ucronías” lo retomé de los textos que leí de Oscar de la Borbolla durante los últimos meses.

Oscar de la Borbolla es un escritor y filósofo mexicano, el cual tuve el gusto de conocer durante una plática en la Universidad Iberoamericana, su vida o al menos la parte que nos contó era (asumo que sigue siendo) un tanto cuanto “rayuelesca”, viviendo de lo que amaba y por lo que amaba: La filosofía y las letras. Durmiendo en París debajo de puentes, escribiendo poemas en la calle para obtener dinero, llevando una columna en el periódico: Excelsior. Con noticias tan falsas como Muertos que regresan a la vida y camellos que pasan por el ojo de una aguja.

Así es como nacen “Las ucronías” noticias inventadas que escribió durante mucho tiempo y que le valieron reconocimiento en el campo de las letras y el periodismo. Oscar escribía sus artículos como cualquier columnista y las hacía pasar por verdaderas. En una ocasión al escribir acerca de un hombre que llevaba ya varios días muerto y enterrado y que de pronto había despertado y se hallaba en la Cruz Roja de Polanco, provocó que una multitud de periodistas llegaran a las instalaciones de ésta, buscando obtener por cualquier medio una entrevista con el zombie, al punto de estorbar con el servicio médico de la institución.

Los textos los pueden hallar en la compilación llamada Las ucronías aunque creo que es difícil conseguirlas todas juntas, también las pueden encontrar en libros como: Instrucciones para destruir la realidad entre otros.

La prosa de Oscar es fácil de digerir, su contenido es de alto voltaje, su sarcasmo e ironía son poderosos… es un escritor sincero y directo que te va sumergiendo en sus relatos y reflexiones al punto de dejarte atrapado en ellos, digamos que escribe sobre lo que quiere  y como quiere.

De lo libros que puedo recomendarles por experiencia propia de este gran escritor y persona son:

Las vocales malditas: Un genial librito de cinco historias ¿monovocálicas? Es decir que el primer cuento sólo tiene palabras que lleven la vocal a, el segundo e… y así sucesivamente, de esta forma Oscar de la Borbolla logra escribir cosas como: “No doctor Otto, los locos sólo somos otro cosmos, con otros otoños con otro sol, no somos lo morboso, somos lo otro, lo no ortodoxo”

Las ucronías: La recopilación de su columna, un libro genial repleto de crítica e ideas netamente ucrónicas. Un libro para divertirse y reflexionar.

La libertad de ser distinto: Una serie de reflexiones acerca de temas cotidianos y no tanto, sentimientos, adicciones, vicios, pensamientos… digamos que es filosofia se sobremesa. ¡Excelente! Al menos en mi opinion. Ejemplo: “Hay olvidos, que ni recordándolos se recuerdan”.

De verdad les recomiendo leer todo lo que puedan de él, y si pueden recomendarme algunos textos, libros, etc. serán bienvenidos. Si en algún pasaje ucrónico llegaras a ver este blog Oscar, permíteme mandarte un saludo y te ofrezco una disculpa por tan mala reseña de lo poco que conozco de tu obra, pero creo que eres un escritor que atrapa y marca un antes y un después en la vida de cualquier lector. Al menos en la mía los has hecho. ¡Viva lo vivo! ¡Muera la tradición!

Les dejo su blog por si quieren leer algo que valga la pena y no las sutiles vaguedades de su redactor. ¡Saludos!

http://oscardelaborbolla.blogspot.com/

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Nar-cronica

El absurdo e impráctico cantar del gallo me despertó a las 4 de la mañana de aquel día 18 de diciembre, claro que era normal, después de todo los gallos y su cantar formaban parte de la cotidiana vida de Altamirano, Guerrero. Los habían traído los franceses…o ¿los españoles? O tal vez estaban desde antes de que llegaran las primeras familias a este gran pedazo de tierra árida y seca… ¡Qué más da! Los gallos cantaban desde las 3 de la mañana hasta alrededor de las 8 desde que tenía uso de razón y probablemente desde antes. Siempre me he preguntado para que, después de todo, la trabajadora gente de este humilde pueblo se levanta hasta las 5 de la mañana para tener el mercado abierto a eso de las seis y a las siete es cuando comienza la romería…señoras con bolsas, cargadores de bultos, niños corriendo, el inconfundible olor a fruta y verdura fresca, cacareos de gallinas, gritos de ¡Moronga! ¡Hígado! ¡Toqueres!, un abanico de colores y sabores se expandía en aquel pequeño recinto.

A mis 14 años conocía lo suficientemente bien este pequeño infierno, 45 grados en verano, veintitantos en invierno, muchas misceláneas y cantinas y numerosos centros de alcohólicos anónimos, la catedral donde se casaron mis papas hace 19 años domina la gran plaza central en donde discurren día a día los comerciantes de joyas y calzado barato, y cuando llega la época de lluvias no tardan en aparecer los sapos y las culebras. Los pocos bancos que hay forman un irónico contraste del progreso con la gente que acude a ellos a solicitar un crédito para seguir conservando su huerta. Y en contra parte están ellos… aquellos a los que trajo el viento de no sé donde, llegaron con el polvo blanco y las pistolas grandes, aquí siempre se ha defendido el orgullo y el honor a palabras y a balazos pero nunca se había visto nada parecido, se mueven rápido y a veces ocasionan escándalo.

Los más “altos” siempre de traje y van a misa cada domingo antes de seguir sus negocios, el resto de camiseta y sin pelo en la cabeza, son ruidosos y gustan de ir por ahí en sus motos tirando balas al aire, son los que hacen el trabajo sucio, son los que ensucian el pueblo, la droga se conoce aquí desde hace mucho pero recientemente el negocio parece ir de la mano con la violencia, antes aquí no se perdía nadie y uno podía subirse a un taxi y decir: “Lléveme con doña Mina” y uno llegaba exactamente a donde quería llegar, ahora se acabó eso y el monótono y confiado vulgo tuvo que salir de su letargo aquella mañana, en la que el gallo me despertó a las 4 de la mañana trayendo noticias de sangre y de muerte en su cantar.

Los hermanos de la iglesia protestante apenas estaban abriendo las puertas de su templo, separado de mi casa solamente por la de los Cardiel, familia que tenía 3 pequeños y un ama de casa además de Olegario Cardiel, el padre, que era taxista y numerosos rumores corrían a su alrededor, que si andaba metido en tal o cual cosa, que si era informante de aquel general, si lo andaban buscando… yo sé que el señor Cardiel era una buena persona y por lo menos a mi familia y a mí siempre nos trató bien.

Aquel domingo 18 de diciembre después de una hora de dar vueltas en la cama decidí levantarme y de forma inesperada escuché un rechinar de llantas al igual que el sonido de un golpe seco contra una puerta, después el ruido de las balas al ser disparadas y un fuerte rugido de motor.

Una gran agitación recorrió en instantes mi casa y la de los vecinos, aunque todos estábamos ansiosos por salir a ver qué pasaba nadie quería arriesgar su vida, en la casa contigua el llanto de un bebe se comenzó a escuchar, todo el pueblo se había despertado y los gritos de pánico se dejaban oír por donde fuera, después silencio, aún tumbado en el piso de mi cuarto el miedo y los nervios me recorrían el espinazo, mis papas entraron a ver como estaba con mi hermano menor en brazos.

Y luego sucedió…Un fuerte grito desgarró por completo aquel ambiente de tensión, me gustaría decirles que fue la voz de la señora Cardiel que esperaba a su esposo que no había regresado por la noche, pero ese grito parecía más bien salido del mismo infierno, un gemido lastimero y doloroso que al instante se transformo en una multitud de voces y el zapatear de gente corriendo despavorida.

Aquel 18 de diciembre cambió para siempre la vida de este tranquilo pueblo, aquella mañana en que el gallo me despertó inútilmente fue la que nos hizo sentir por primera vez el miedo…aquella mañana la señora Cardiel encontró en su portón una maleta negra, la primera de muchas que aparecerían por todo Altamirano como signo de muerte durante los próximos años, una maleta que contenía despedazada toda la vida que ella conocía y también a su esposo.

 

JP

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