Archivo mensual: diciembre 2011

Un año en libros

A principios de 2011, me hice el firme propósito de leer al menos un libro por semana durante todo el año, en parte ha sido un ejercicio sumamente ególatra (permite presumirle a los demás lo que leí), y por otro lado, ha sido una forma interesante de visualizar un poco del recorrido literario del año. Así que, por si andaban con el pendiente, logré mi propósito. Nunca había leído tantos libros de cuentos, ni me había interesado antes las crónicas periodísticas. Las novelas siguen siendo un factor común cada año. Algunos de los libros estaban reunidos en un solo volúmen, y hay tres que ya había leído con anterioridad, pero por asuntos escolares o algún otro asunto los re-leí. Les dejo aquí los títulos, en orden cronológico, de lo leído este año, algunos son de autores que ya conocía pero la mayoría nunca los había leído. Pueden tomarlo como recomendación o como un simple recorrido de mi año 2011 en libros.

1.- Pedro Páramo- Juan Rulfo

2.- El llano en llamas- Juan Rulfo

3.- Nadie acabará con los libros- Umberto Eco y Jean-Claude Carrière

4.- Asalto al infierno- Óscar de la Borbolla

5.- La misteriosa llama de la reina Loana- Umberto Eco

6.- Novecento- Alessandro Baricco

7.- El cementerio de Praga- Umberto Eco

8.- La boca llena de tierra- Branimir Scepanovic

9.- Los periodistas- Vicente Leñero

10.- Las siete claves del éxito de Disney-

11.- Jerusalén- Gonçalo M. Tavares (re-leído)

12.- La guerra de Galio- Héctor Aguilar Camín

13.- Los anacrónicos y otros cuentos- Ignacio Padilla

14.- El jardín devastado- Jorge Volpi

15.- El androide y las quimeras- Ignacio Padilla

16.- Los mejores cuentos mexicanos (año 2000)

17.- Un hombre sin cabeza- Etgar Keret

18.- La sangre erguida- Enrique Serna

19.- Los límites de la noche- Eduardo Antonio Parra

20.- Tierra de nadie- Eduardo Antonio Parra

21.- La insospechada María y otras mujeres- Claudia Guillén

22.- Las partículas elementales- Michelle Houllebecq

23.- Los trenes nunca van hacia el este- Jorge Alberto Gudiño

24.- El último encuentro- Sandor Marai

25.- Los otros- Claudia Guillén

26.- Los sinsabores del verdadero policía- Roberto Bolaño

27.- Historia de lo fijo y lo volátil- Fernando de León

28.- Lo fugitivo permanece- Selección de Carlos Monsiváis

29.- Grey- Alberto Chimal

30.- Compraré un rifle- Guillermo Fadanelli

31.- Los culpables- Juan Villoro

32.- La otra orilla- Julio Cortázar

33.- La vida privada de los árboles- Alejandro Zambra

34.- Bonsai- Alejandro Zambra

35.- La ciudad imaginada y otras historias- Alberto Chimal

36.- La piedra de la paciencia- Atiq Rahimi

37.- Parábolas del silencio- Eduardo Antonio Parra

38.- Los esclavos- Alberto Chimal

39.- Pétalos- Guadalupe Nettel

40.- Hipotermia- Álvaro Enrigue

41.- Plataforma- Michelle Houellebecq

42.- Llamadas telefónicas- Roberto Bolaño

43.- Tres rosas amarillas- Raymond Carver

44.- Formas de volver a casa- Alejandro Zambra

45.- Extensión o comunicación- Paulo Freire

46.- El viajero subterráneo- Marc Augé

47.- Conversación en La Catedral- Mario Vargas Llosa

48.- Por la izquierda- Silvia Cherem

49.- Alicia en el país de las maravillas- Lewis Carroll

50.- La chica que soñaba con un cerillo y un galón de gasolina- Stieg Larsson

51.- Putas Asesinas- Roberto Bolaño

52.- El gaucho insufrible- Roberto Bolaño

53.- Contra la historia oficial- José Antonio Crespo

54.- La guerra del fútbol- Ryszard Kapuscinski

55.- Con amor, tu hija- Jorge Alberto Gudiño

56.- El extranjero- Albert Camus (re-leído)

57- El hombre en busca del sentido- Viktor Frankl (re-leído)

58.- Los trabajos del reino- Yuri Herrera

59.- Huesos en el desierto- Sergio Gonzáles Rodriguez

60.- Cien años de soledad- Gabriel García Márquez

61.- Los once de la tribu- Juan Villoro

62.- Marcial Maciel: Historia de un criminal- Carmen Aristegui

Les comento que actualmente estoy leyendo Dos crímenes, de Jorge Ibargüengoitia que será el primero en la lista de 2012. Esperemos subir el número el próximo año. Reciban un abrazo y pásenla bien.

JP

 

Faltan algunos, pero aquí estamos...

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Un post que llega tarde

Obtenida de: swotti.com

Gabriel García Márquez ha sido un nombre que, en mi imaginario literario, me ha acompañado desde siempre. No es mi autor favorito, tampoco le guardo la gran veneración que muchos “fans” le profesan, me parece un gran escritor y narrador al que he ido descubriendo poco a poco, pero desde que tengo memoria lectora (es decir, desde que leí Harry Potter), un libro había estado rondando en mi cabeza, como una de esas molestas moscas que no lo dejan a uno en paz: Cien años de soledad. El libro favorito de mi madre. El libro que la primera vez que intenté leerlo, a eso de los 11 años me pareció de lo más incomprensible. Recuerdo haber preguntado con harta preocupación “¿¡Pero por qué revive Melquiades?!” y eso que era apenas la primera vez que el sabio gitano volvía del inframundo. Ese fue el primer intento. Menos de 50 páginas.

Algunas veces más trataría de leerlo con resultados semejantes, sin embargo, con el pasar de otro tipo de lecturas fui comprendiendo un poco más acerca del libro. El problema con Cien años de soledad es que es tan imponente e importante, que cuando a uno le interesa es difícil no enterarse de la vida del autor, la relación Macondo-Aracataca, lo que es y no es el realismo mágico y el boom, entre otras cosas.

A los 13 años leí Crónica de una muerte anunciada, en un solo día por cierto… el día de mi cumpleaños. En fin, alrededor de los 15 llegó el turno de El amor en los tiempos del cólera, y le seguiría Memorias de mis putas tristes.  Entre los 17 y 18 años tocó La hojarasca. Y entre tanto el infame Cien años… continuaba añejándose. A la par fui descubriendo a Borges (que tiene su propia historia), Cortázar, Carlos Fuentes y Vargas Llosa, pero esa novela un poco desbaratada con las pastas amarillas se me seguía resistiendo.

Hace aproximadamente dos años estuve sumamente cerca de conseguir mi objetivo, de saldar mi más antigua deuda literaria, alrededor de 90 páginas me separaron del punto final. Ya para ese entonces podía recitar de memoria el inicio (“Muchos años más tarde…”) y la conclusión (“Las estirpes condenadas”) del libro, pues mi curiosidad infantil me había hecho ver las últimas líneas de la novela aún sin comprender nada. En ese último intento fui auxiliado por la edición conmemorativa de la Academia de la Lengua Española, y el árbol genealógico que incluye. Por motivos que no entiendo, una vez más no terminé de leerla. Ese año, incluso resolvi un examen acerca de la novela en el que obtuve el 10… sin haberla concluido desde luego.

Finalmente, para coronar un año de muchas lecturas, me decidí a leerla por completo. El razonamiento principal fue: “Ya me eché Conversación en la catedral (una obra monumental de Vargas Llosa) no puede ser que no pueda aún con Cien años…” Tardé alrededor de cinco días (vacaciones), y fue la edición de Editorial Diana, la de pastas amarillas, la que no trae árbol genealógico atrás. Cuando llegué a la última página, en el momento en que Aureliano Babilonia está descifrando los manuscritos centenarios, yo temblaba de emoción. Lo había conseguido, por fin.

De poco sirve tratar de contar la historia, confirmo que García Márquez no es mi autor favorito pero su poder narrativo es increíble. Pocas novelas alcanzan a la vez tal profundidad en los personajes y una amplitud de la historia tan imponente. La gestación y desaparición de una estirpe, de un pueblo, de todos sus habitantes en una muerte física y mental. Las supersticiones, los amoríos, la infame compañía bananera (que tanto mal ha causado a América Latina), los gringos, los nativos, los gitanos, los vivos, los muertos… Todo en una novela que uno se va bebiendo de a poco.

Se cierra tan solo un capítulo más de mi propia novela, en la que el antagonista es Gabo y su novela maldita, la he regresado al librero con la seguridad de que, al re-leerlo, descubra aún más historias y significados. Pues como indica Calvino: “Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento.”

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Archivado bajo Vagamente literario, Vagamente poético

Reinventar el oficio

“La lectura era un vicio profesional”
-Gabriel García Márquez

    El periodismo actual, al menos en México, está compuesto por declaraciones y por cifras frías, dos características que han desvirtuado el oficio de la información. Las notas periodísticas son pequeñas capsulas que se limitan a narrar un hecho y en el peor, son solamente una oración dicha por alguna autoridad o el número de muertos del día. Claro, podemos culpar a la tecnología, a la modernidad y a un mundo cada vez más preocupado por la inmediatez, pero es poco loable que, los supuestos intérpretes y narradores de la realidad se conformen con “pasarnos al costo” lo dicho por las fuentes oficiales. La apatía por la actualidad es un engaño de la posmodernidad, el mundo siempre ha estado y sigue ávido de información, necesitado de mediadores entre la realidad y la sociedad; una vez que estos mediadores se resignan a leer un comunicado de la presidencia y a basar en él su nota principal, todo el oficio del periodista pierde su razón de ser.

En una época tan violenta como es la que se vive en México, el periodismo cobra una importancia aún mayor, y no debe en ningún caso intimidarse ni conformarse. El hecho de que los mal llamados “líderes de opinión” digan: “Van más de 50, 000 muertos en el sexenio” no implica ninguna labor intelectual digna de ser llamada periodismo. El interpretar esta cifra y analizar las causas y consecuencias de la misma, conecta más a la audiencia con su entorno social. Los números no mienten, pero tampoco significan gran cosa. Lo verdaderamente importante radica en lo que se esconde detrás de esos muertos, cada historia, cada familia, cada vida arrebatada debe de tener un peso específico, sólo así el periodismo acerca a la sociedad a su realidad social, y al confrontar esta realidad, la ciudadanía podrá comprender y ser empática y (quizás) útil. En palabras del periodista y escritor argentino Tomás Eloy Martínez:

Cuando leemos que hubo cien mil víctimas en un maremoto de Bangla Desh, el dato nos asombra pero no nos conmueve. Si leyéramos, en cambio, la tragedia de una mujer que ha quedado sola en el mundo después del maremoto y siguiéramos paso a paso la historia de sus pérdidas, sabríamos todo lo que hay que saber sobre ese maremoto y todo lo que hay que saber sobre el azar y sobre las desgracias involuntarias y repentinas.  [1]

La narración debe ser un recurso para los periodistas en la actualidad, si lograran conformar una historia, y a través de ella explicar un fenómeno social, el resultado sería una mayor comprensión de la audiencia para con el hecho tratado. Y esto no es válido únicamente para el periodismo escrito. Aunque la televisión y el radio se basen en imágenes y voz respectivamente, es la forma y no el formato lo que impacta al espectador. Aunque en general no podemos permanecer indiferentes cuando observamos el lanzamiento de un misil el Libia, el impacto es mucho mayor cuando conocemos al dueño de la casa donde impactó ese misil, pues se crea inmediatamente un vínculo sentimental, la terrible sensación de: “Caray, eso podría pasarme a mí.”

El lenguaje es el vehículo mediante el cual las historias toman forma, y depende enteramente del narrador el dar credibilidad y fuerza a un suceso por medio de las palabras; por lo anterior se vuelve fundamental un uso correcto y comprensible de la redacción y la narración, así como un conocimiento extenso del tema a tratar. Lo señala el llamado mejor reportero del siglo XX, Ryszard Kapuscinski: “Personalmente creo que existe una relación entre la lectura previa y la buena escritura: para escribir una página debimos haber leído 100. Ni una menos.” [2]

La literatura brinda magníficos recursos que pueden aportar una mayor claridad al lenguaje del periodista, por esto no es de extrañar que algunos grandes narradores primero hayan sido periodistas y luego escritores. Es el caso de Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Vicente Leñero o el propio Eloy Martínez. Precisamente García Márquez (premio nobel de literatura), inició una fundación para renovar el periodismo en Latinoamérica y volverlo más humano, más subjetivo y narrativo. Este esfuerzo lleva por nombre: Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI). En su discurso Periodismo, el mejor oficio del mundo, donde sienta las bases de la FNPI, García Márquez menciona: “El sustento vital del periodismo es la creatividad, y por tanto requiere por lo menos una valoración semejante a la de los artistas”[3]

El periodismo es una actividad sin bases teóricas, nace de la práctica y la necesidad de información, sin embargo lleva en sí mismo la causa de su mal, pues al nutrirse de la actualidad rápidamente da paso a eventos más recientes, dejando muchas veces inconclusos temas de gran importancia. Como lo indica el mismo Kapuscinski en La guerra del futbol: “Nuestra profesión recuerda el trabajo del panadero: sus bollos conservan el sabor mientras están calientes y recién hechos; a los dos días, se vuelven duros como una pierda, y a la semana cuando se cubren de moho, ya no sirven sino para ser arrojados al basurero.” [4] Pero los textos periodísticos pueden fungir como una denuncia, como un documento de memoria, en el cual se asiente no solamente un relato o una crónica, sino un análisis del evento narrado y de la importancia del mismo. Este tipo de literatura puede llegar a tener un valor académico, pues sin las ataduras de una disciplina formal, el periodista se convierte testigo y rapsoda de la actualidad y el pasado.

Gabriel García Márquez. Obtenida de: biografiasyvidas.com


[1] Eloy Martínez T. Periodismo y narración. 26/10/2011.

[2] Kapuscinski R. Los cinco sentidos del periodista. México. 2003.

[3] García Márquez G. Yo no vine a decir un discurso. Literatura Mondadori. México 2010.

[4] Kapuscinski R. La guerra del fútbol. Barcelona 2008.

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Archivado bajo Vagamente literario, Vagamente noticioso, Vagamente político

Desgajando el morbo

Obtenida de: facebook.com/conamortuhija

El erotismo y el morbo son temas en la literatura sumamente atractivos para el público, aunque cuando una novela es clasificada como “erótica” se pre-supone que  se trata de un texto malo, cuya publicidad consiste en generar un efecto de escándalo entre los lectores. Sin duda, uno de los tópicos controversiales en este tipo de literatura es el incesto, en especial entre miembros de la familia nuclear como un padre y una hija. La novela ganadora de la primera edición del premio Lipp en Francia retoma este tipo de relación y la vuelve una novela en donde la belleza, el amor y el cuidado del lenguaje, son rasgos mucho más poderosos que el mero tema tratado. El libro es Con amor, tu hija del escritor mexicano Jorge Alberto Gudiño Hernández.

La novela trata de un escritor de avanzada edad que descubre que el amor entre su hija y él va más allá de lo filial; debatiéndose entre el deseo y el pudor, el protagonista va recordando su propia historia y la de su hija, además de la forma en que el éxito editorial lo distanció de su familia, convirtiéndolo en una especie de ermitaño seductor. La aparición de su hija y una amiga, harán que cuestione su base moral para desatar emociones desconocidas para él.

Con descripciones tendientes a los visual, y un manejo del lenguaje pulcro y dinámico, Gudiño Hernández logra tejer una historia que se deshace del morbo y el sexo, para plantear los temas de la felicidad y la belleza como ejes de la historia, pues el personaje principal del libro, trata de descubrir la alegría en el amor hacia su hija.

Con amor, tu hija ha generado polémica, en especial en la página de Facebook creada para promocionar la novela. Sin embargo, los comentarios puritanos suelen ser emitidos por personas que no la han leído y se escandaliza solamente por el tema. A pesar de volverse por momentos árida, y de faltarle un poco de credibilidad a las voz de Emily (la co-protagonista) Con amor, tu hija es una novela bien lograda que se disfruta tanto por la sensualidad de la historia, como por la narrativa del autor.

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