Archivo mensual: agosto 2011

Sin miedo a caer

Cayó a mis manos una novela de Michel Houellebecq, en mi ingenuidad creí que sería relativamente nueva, sin embargo fue escrita en 2001 y va en su octava re-impresión por la editorial Anagrama, Plataforma que es su título, narra la historia de Michel, un parisino aburrido y solterón que trabaja en el ministerio de cultura. Tras la muerte de su padre, Michel emprende un viaje a Tailandia que le cambiará la vida…

Generalmente cualquier autor nos mostraría como la espiritualidad y la naturaleza de Tailandia cambian el caracter de Michel convirtiéndolo en un personajes extrovertido, plástico y falaz. No, no Houellebecq, él se empeña en mostrarnos lo banal del espíritu humano, las relaciones ficticias que se establecen en un viaje turístico, lo terriblemente subjetiva que puede ser la moral.

Tras el viaje Michel y Valérie (otra de las turistas) y directora de la agencia de viajes Nouevelles Frontieres, comienzan una relación que los llevará a revolucionar el concepto del turismo sexual en el mundo de occidente. Junto con Jean-Yves (el socio de Valérie) comienzan a sacar provecho de la voracidad sexual de los países “civilizados”, de los deseos retrógrados de los machos occidentales que sólo quieren una mujer para coger y que les haga la cena llegando a casa… Deciden establecer un concepto de “libertad sexual” en varios establecimientos que un consorcio hotelero gigante deja a su cargo en países caribeños y orientales; permiten que las prostitutas tailandesas suban a las habitaciones con los clientes. Derrumban la falsa fachada de “relajación” de los clubes vacacionales y proponen lo que todo mundo quiere pero nadie se atreve a pedir: Unas vacaciones donde cualquiera pueda meterse con cualquiera… Sin embargo, Valérie y Michel descubrirán que lo que han construido sentimental y economicamente, puede irse al carajo en cualquier momento.

Houellebecq les da a sus personajes una personalidad sumamente verosímil que es congruente durante toda la novela, esto nos permite comprenderlos, odiarlos, o admirarlos (secretamente), pero lo mejor de la novela es la crítica tan inteligente, descarnada y poco sutil que hace el autor francés de las sociedades modernas. Detrás de las caras de civilidad, de los trabajos estables, del progreso de los derechos de la mujer, se esconden una naturaleza sexual innegable, reprimida y destructiva que puede ser comercializada y empaquetada en un viaje de turismo.

Sin caer nunca en el sentimentalismo barato, en la falsa moral o en el panfleto, Houellebecq describe por qué el turismo sexual en países tercermundistas es un negocio redondo, pues apela a los más salvaje del mundo occidental y civilizado; y a la libertad única que brinda el “tercer mundo” de poder pagar por la vida y la mujer que quieres.

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