Archivo mensual: junio 2011

Saliendo de la comodidad

Los cuentos de Eduardo Antonio Parra permiten entender el concepto de cuentista en toda la extensión de la palabra, son textos redondos, contundentes, que mezclan la manera clásica (casi oral) de contar una historia con distintas voces narrativas que dan agilidad al texto. En su libro más reciente Parábolas del Silencio (Editorial ERA, 2006). Antonio Parra suelta un poco los espacios donde en anteriores cuentos se desarrollaba con tanta comodidad y se interna en temas más tenebrosos y sobrenaturales, sin perder nunca su contundencia y agilidad narrativa.

Si en Los límites de la noche podíamos apreciar la vida nocturna, a veces sórdida a veces mágica de los ciudades fronterizas, y en Tierra de nadie la difícil vida de estos pueblos o ciudades en ocasiones casi aisladas del mundo. En Parábolas del silencio Eduardo Antonio Parra relata un poco más acerca de las creencias y la vida de las personas en situaciones emocionales arduas. Aunque no se acaba de desprender de la zona norte de México, sus cuentos tienen una voz un poco más universal.

Así encontramos cuentos como En lo que dura una canción, la crónica de una mujer maltratada al ver a su marido morirse casi de repente, La habitación del fondo, donde lo sobrenatural y el odio humanos se licúa en un geriátrico, Cuerpo presente, la biografía de la puta  más cariñosa de la región y de la hermandad que forman sus primeros clientes. Los santos inocentes es el relato de una mujer que convive una noche con los espectros de un panteón, en este relato Parra se adentra de lleno en lo sobrenatural sin dejar nunca de anclarse a los detalles mundanos que dan verosimilitud y realismo al relato. Plegarias silenciosas, Bajo la mirada de la luna y Al Acecho,son textos en donde se retoman la vida y las creencias de las personas al norte del país, haciendo especial énfasis en la violencia, casi inexplicable, de la región. Y Que no sea un perfume, donde la ira y el encono de los personajes, son el aderezo de una noche de navidad extrañamente bígama para el protagonista.

Sus cuentos definitivamente ganan la pelea por KO, aunque en ocasiones el afán de dejar en claro la conclusión del relato los vuelve demasiado largos. Sus cuentos más cortos nos dejan ver que es un narrador que sabe crear tensión en pocas páginas, y sin embargo la extensión de algunos de sus textos diluye (aunque poco) los motores de la historia.

Parábolas del silencio permite leer a un Eduardo Antonio Parra distinto, que sin dejar de ser el gran narrador de la vida y la violencia de las ciudades fronterizas, explota ahora temas más personales, sentimentales y punzantes. De construcción similar a Nadie los vio salir (cuento que le valió el premio Juan Rulfo de RFI en 2000) los relatos de este libro permiten disfrutar tanto el desenlace (en ocasiones sorpresivo) como la narrativa bien manejada, así como las historias interesantes y espectrales de sus textos.

Los tres libros de cuentos de Eduardo Antonio Parra (Los límites de la noche, Tierra de nadie y Parábolas del silencio) están publicados por la editorial ERA. En 2009 (con reimpresión en 2010) se lanzó Sombras detrás de la ventana, una recopilación de estos libros con la inclusión del cuento Nadie los vio salir. 

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Hasta explotar

Una mujer con dos hijas, un esposo en coma… un mundo cayéndose a su alrededor. De estos elementos se vale el escritor afgano Atiq Rahimi para crear una historia de reflexión e injusticia en su novela: La piedra de la paciencia.

Rahimi retoma el mito persa acerca de una piedra que escucha los lamentos de su poseedor, sus sentimientos y torturas personales, hasta que un día explota, liberando al individuo de todas las penas que hay en su corazón. El giro que da Rahimi a la leyenda es que la piedra es un hombre, un héroe de guerra criado en  el orgullo y el fervor de la religión musulmana, un fanático que pretende liberar a su país de enemigos idénticos a él. Por una cruel casualidad del destino una bala se aloja en su nuca sin matarlo, dejándolo en estado de coma, con los ojos fijos en el techo y tendido en un colchón. Su esposa lo cuida y lo alimenta con suero, habla con él, le reza a diario y lo esconde de los posibles enemigos que puedan aparecerse, hasta que se da cuenta de lo injusta que ha sido su vida, atada siempre a un hombre ausente, a un guerrero belicoso, y ahora a una piedra.

La mujer convertirá a su esposo en su piedra de la paciencia, reprochándole y confesándole sus secretos y miedos mejor guardados, a la espera del momento en que él explote y ella por fin sea libre. Esta historia transcurre circunscrita en el contexto de un país musulmán en guerra, como bien inicia el libro: “En alguna parte de Afganistán, o en cualquier otro lugar.”

Rahimi nos revela una historia de opresión y fanatismo. Del dolor y la humillación de la mujer en un contexto aparentemente lejano al mundo occidental que, sin embargo, puede estar más cerca de lo que creemos; pues los demonios de cada persona, de cada país, necesitan una piedra de la paciencia para no explotar ellos mismos.

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Vamos al grano…

Los buenos textos, sean cuentos o novelas tienen la virtud de, sin importar el número de páginas o palabras, no dejar indiferente al lector. Probablemente las historias y la manera de narrarlas de Guillermo Fadanelli podrían describirse como un golpe al hígado: Concreto, duro y difícil.

En su libro de cuentos “Compraré un rifle” Fadanelli renuncia a crear épocas o atmósferas complejas y absorbentes, y decide utilizar un lenguaje directo para, en poquísimas palabras, incomodar al lector, hacerlo que se acomode en la silla, golpearle la cabeza… Dueño de un envidiable cinismo, Fadanelli tiene la virtud de ofrecernos imágenes descarnadas, vivas y reales sin mayores preocupaciones. Sus personajes no aprenden ninguna lección, ni sus vidas dan un giro, sino que están condenados a continuar atrapados en la eterna mediocridad,  y van soportando el acontecer del mundo a su alrededor. No se sorprenden.

Así, Fadanelli parece darnos una literatura sumamente real, a veces sin explicaciones, a veces demasiado increíble, pero sus personajes son palpables; son gente que uno encuentra en el autobús o en cualquier colonia popular de la Ciudad de México.

Sin embargo parecería que a Guillermo le gusta dejarnos con ganas de más, sus historias se tornan intensas y punzantes por lo concretas, aunque parece faltarles una última vuelta de tuerca, algo que termine de resumir su poder narrativo con su pesimismo filosófico tan patente en estos cuentos.

Complejos y   cotidianos al mismo tiempo, los cuentos de “Compraré un rifle” forman una realidad triste y gris, hecha por personajes grises y tristes. Demasiado cercana a nuestra cotidianidad, demasiado reales para permanecer indiferentes.. Tal vez este libro debería venir con la advertencia: “No se lea si se cree que la vida tiene sentido”

 

 

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