Archivo mensual: diciembre 2010

El ser alguien

Te despiertas una mañana con las sabanas pegadas al cuerpo por aquello del sudor veraniego, después de dar dos o tres vueltas, y tratar de convencerte de que lo único que necesitas para retornar a las espesas olas de sueño es cerrar los ojos, te das cuenta de que es en vano y te levantas con pies inseguros. Sabes donde se localiza cada objeto de tu habitación, el buró, la silla, tu escritorio de escritor; aún así notas que con la luz apagada y sin tus lentes te sientes fuera de lugar; no sabes durante cuantos años has dormido en el mismo lugar, en la misma cama rodeado de las mismas cosas, y aún así sabes que son años y sabes también que podrías calcular aproximadamente los pasos hasta la puerta sin tropezar, pero prefieres, sólo por esta madrugada, volver a sentarte en la cama y pensar; en pocos minutos te darás cuenta de que fue un error, pero en ese momento no lo sabes; si lo supieras no te quedarías en tu cuarto y saldrías disparado a la cocina por un vaso de agua y retornarías sin mayor problema a tu habitación, sólo para darte cuenta de que la luz y los lentes son artificios innecesarios después de tantos años de recorrer el mismo piso de la misma casa. El problema es que no lo sabes.

Así pues comenzarás a pensar que al día siguiente es Lunes y que tienes ya lista tu columna para el periódico, al mismo tiempo piensas que la novela que estás preparando ha superado ese bache que tanto te molestaba y revisas tu corto pero eficaz imaginario de ideas, piensas que aún quedan muchas variantes para ser explotadas y que tal vez mañana o el día después escribirás un cuento que fascine a los lectores de la revista en donde publicas de vez en cuando. No es el cuento que siempre has querido escribir, pero finalmente te convences que es una buena historia, ligera e ingeniosa, que cualquier lector promedio entenderá.

Te levantarás con los ojos cerrados y con pasos vacilantes te acercarás al pequeño librero que tienes en tu habitación, pasarás las manos por las distintas pastas y encuadernaciones de los volúmenes que para ti tienen mayor valor, el tacto te dirá que están sucios, que tiene mucho tiempo que no los abres y que los conservas como trofeos, como ideas que nunca fueron tuyas pero te hubiera gustado que fueran, medallas que juntaste de cadáveres caídos en batalla y que fundiste para crear tu propio estilo. Sin embargo, te das cuenta de que ese estilo nunca ha sido tuyo.

Pensarás que primero fue de Chejov y de Carver, de Borges y de Sábato, incluso fue de Saramago y también perteneció a Rulfo. Poco a poco creíste haber borrado sus huellas, creíste haber ganado y pulido tu propia condecoración, pero nunca fue así. Una vez que encontraste esa prosa incendiaria, que decidiste cómo y sobre qué escribir, el día que descubriste que no hacía falta más que sentarse frente a una computadora para tratar de cambiar un mundo cada vez menos tuyo, también descubriste que nadie te leía, ni siquiera te publicaba.

Te creías con el talento necesario para brillar y caíste en ese juego en donde tantos mejores que tú han caído: Negociar, venderte, cambiarte. Así que decidiste ocultar un poco tu orgullo y tu prosa pasó a ser de Alfaguara, de Trillas, del Universal, de La Gaceta del Angel y por supuesto de todos los editores que te decían que eras bueno pero no había dinero para tanta experimentación; “O me escribes algo más tradicional y que venda o nadie te publica”, te dijeron. En aquel momento pensaste que sólo era temporal, que cuando tuvieras suficiente prestigio, retornarías a tu estilo inconforme y autentico. Por mientras era mejor adaptarse a lo que te pedían.

Con el tiempo viste que agradabas a los lectores, así que seguiste trabajando, mas no escribiendo; tus opiniones eran sinceras pero nunca alcanzaban el tono de inconformidad que te hubiera gustado, sabías que era peligroso y preferiste jugar a lo seguro, así que tus palabras ya no pertenecían a Borges, bueno ni siquiera a Fuentes, ahora la mayoría de tus oraciones eran de tus empleadores y la otra parte de tus lectores.

Te darás cuenta, en ese momento, de que lo único que creías que te pertenecía, no es tuyo y nunca lo fue. Pensarás que los únicos años en los que fuiste valiente fue en los que ibas rodando de periódico en periódico, con un montón de hojas mecanografiadas, presentándolas a todos los editores que te dijeron “O escribes algo…” y tú respondiste “Las ideas no se venden”. No sabrás cuanto tiempo tiene desde aquello, probablemente el mismo tiempo que tienes tú viviendo en esta casa, durmiendo en la misma cama, rodeado por los mismos muebles, que te hablan, casi te gritan, que ellos tampoco son tuyos.

Tratarás de volver a la cama, buscarás tu colchón para sentarte y no lo encontrarás, pensarás que si de cualquier forma, lo que más amas en tu vida, jamás fue cierto, entonces quién te asegura que tu vida misma no es igual de falsa.

Despertarás bañado en un sudor frío, cubierto tan sólo por una sábana vieja y tirado en un sillón mullido, serán casi las diez de la mañana y habrá un sobre justo en la entrada del departamento, un departamento que sabes que no es tuyo y no se parece en nada a la casa de tus sueños. Te acercarás al sobre y sabrás inmediatamente que es tu manuscrito, viene por supuesto, con una pequeña hoja engrapada que dice: “Lo siento muchacho, eres bueno pero no hay presupuesto para arriesgarse, ¿Por qué no escribes algo más comercialón y vienes a verme después”. Sonreirás, al menos de algo estás seguro: Te perteneces.

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Pequeño manifiesto en contra de las etiquetas

Una de las actividades del ser humano ha sido desde siempre catalogar; clasificar todo y para todo, nombrar, pesar, medir, comparar, separar, excluir, agrupar. Y hemos llegado al extremo de tener que traer todo el tiempo una etiqueta pegada en la frente, en la ropa, en la mirada y en las ideas para poder ser alguien o al menos algo en esta confusa actualidad.

Entonces uno no puede llegar a un antro, un café o una escuela y decir soy YO. Tiene por fuerza que decir soy hypster, soy fresa, soy cool, soy intelectual, soy teto, soy alternativo… Y yo sólo me pregunto ¿Por qué? ¿Por qué encasillarnos? ¿Por qué cerrarnos? ¿Por qué no abrir nuestra mente a un mundo de posibilidades infinitas, donde cada combinación de contradicciones resultara en un fantástico e imposible abanico multicolor? ¿Por que no vestirnos de negro, escuchar música clásica y bailar electrónica? ¿Por qué no ser una rubia inteligente? ¿Por qué no ser un escritor a la moda? A pesar de que pudiera parecer contradictorio sólo lo es para los humanos… Alguien puede ser una persona profunda, reflexiva y culta y aún así preocuparse por su aspecto, ir a antros de moda, asistir a las mejores fiestas y no por eso perder su valía (No, quien me conozca podrá dar fe de que no es mi caso) .

De cualquier forma por qué no querer lo que queremos, hacer lo que queramos, escuchar lo que se nos pegue en gane y aún así pensar o no pensar si así lo decidimos. ¿Acaso no somos seres repletos de contradicciones? La vida humana está repleta de laberintos, de espejos, de enigmas creados por mentes humanas ¿Por qué no ser cada uno un enigma andante?… Una caja de sorpresas.

Afirmo y confirmo que estoy en contra de las etiquetas, creo en un pop con profundidad, en una intelectualidad fresca, en un pensamiento reflexivo que lo siga siendo sin importar como se vista. En un lector cool y en un pequeño-burgués de autentica izquierda. Desprecio la idea del determinismo darwiniano y protesto, educadamente pero protesto, contra las etiquetas y muros que nos ponemos día con día y no nos permiten ser Nosotros arrastrándonos a los aborregados caminos de lo común y lo predeterminado.

Por qué pienso que aún en la más profunda de las intelectualidades existe lo trivial y aún en lo más superfluo un rastro de verdad. Seamos lo que queremos… ¡Mueran los límites!

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De vocales, ucronías y libertades

Me gustaría comentar en este post cual fue una de las principales fuentes de inspiración para abrir este blog. A pesar de que se ha ido desviando por rumbos muy agradables, originalmente la idea era solamente tratar de hacer literatura en línea; otro dato es que para mí la parte más importante del nombre del blog es: ucrónicas. Por eso la página es http://www.lasucroideas.wordpress.com. Escribir mis ideas ucrónicas en línea, y a la fecha es lo que intento hacer. Pero el término “ucronías” lo retomé de los textos que leí de Oscar de la Borbolla durante los últimos meses.

Oscar de la Borbolla es un escritor y filósofo mexicano, el cual tuve el gusto de conocer durante una plática en la Universidad Iberoamericana, su vida o al menos la parte que nos contó era (asumo que sigue siendo) un tanto cuanto “rayuelesca”, viviendo de lo que amaba y por lo que amaba: La filosofía y las letras. Durmiendo en París debajo de puentes, escribiendo poemas en la calle para obtener dinero, llevando una columna en el periódico: Excelsior. Con noticias tan falsas como Muertos que regresan a la vida y camellos que pasan por el ojo de una aguja.

Así es como nacen “Las ucronías” noticias inventadas que escribió durante mucho tiempo y que le valieron reconocimiento en el campo de las letras y el periodismo. Oscar escribía sus artículos como cualquier columnista y las hacía pasar por verdaderas. En una ocasión al escribir acerca de un hombre que llevaba ya varios días muerto y enterrado y que de pronto había despertado y se hallaba en la Cruz Roja de Polanco, provocó que una multitud de periodistas llegaran a las instalaciones de ésta, buscando obtener por cualquier medio una entrevista con el zombie, al punto de estorbar con el servicio médico de la institución.

Los textos los pueden hallar en la compilación llamada Las ucronías aunque creo que es difícil conseguirlas todas juntas, también las pueden encontrar en libros como: Instrucciones para destruir la realidad entre otros.

La prosa de Oscar es fácil de digerir, su contenido es de alto voltaje, su sarcasmo e ironía son poderosos… es un escritor sincero y directo que te va sumergiendo en sus relatos y reflexiones al punto de dejarte atrapado en ellos, digamos que escribe sobre lo que quiere  y como quiere.

De lo libros que puedo recomendarles por experiencia propia de este gran escritor y persona son:

Las vocales malditas: Un genial librito de cinco historias ¿monovocálicas? Es decir que el primer cuento sólo tiene palabras que lleven la vocal a, el segundo e… y así sucesivamente, de esta forma Oscar de la Borbolla logra escribir cosas como: “No doctor Otto, los locos sólo somos otro cosmos, con otros otoños con otro sol, no somos lo morboso, somos lo otro, lo no ortodoxo”

Las ucronías: La recopilación de su columna, un libro genial repleto de crítica e ideas netamente ucrónicas. Un libro para divertirse y reflexionar.

La libertad de ser distinto: Una serie de reflexiones acerca de temas cotidianos y no tanto, sentimientos, adicciones, vicios, pensamientos… digamos que es filosofia se sobremesa. ¡Excelente! Al menos en mi opinion. Ejemplo: “Hay olvidos, que ni recordándolos se recuerdan”.

De verdad les recomiendo leer todo lo que puedan de él, y si pueden recomendarme algunos textos, libros, etc. serán bienvenidos. Si en algún pasaje ucrónico llegaras a ver este blog Oscar, permíteme mandarte un saludo y te ofrezco una disculpa por tan mala reseña de lo poco que conozco de tu obra, pero creo que eres un escritor que atrapa y marca un antes y un después en la vida de cualquier lector. Al menos en la mía los has hecho. ¡Viva lo vivo! ¡Muera la tradición!

Les dejo su blog por si quieren leer algo que valga la pena y no las sutiles vaguedades de su redactor. ¡Saludos!

http://oscardelaborbolla.blogspot.com/

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El no sentido del arte…

A pesar de los pocos lectores asiduos al blog y de mi evidente falta de constancia, aquí seguimos intentando expresar las pequeñas ideas ucrónicas, utópicas y melancólicas, esta vez con una reflexión que lleva días inquietándome y como de costumbre ya tengo la frase final y sólo me falta llegar a ella.

Hace ya algunos años me di cuenta de que mi cerebro operaba y seleccionaba la música que era de su agrado mediante un logaritmo bastante curioso: El entendimiento. A pesar de que escuchaba y escucho prácticamente todo tipo de música, mi inconsciente prefería la música con un contenido lírico relevante; el pop no me satisfacía en nada, pero tampoco escuchaba metal por considerar que no se entendía absolutamente nada de lo que querían decir. Aí fue como me encariñe con grupos como Mägo de Oz (que mantengo hasta la fecha entre mis favoritos) por considerar que sus letras eran poderosas, poseían un mensaje fuerte y además la música era excelente (todo esto en mi humilde opinión).

Por otro lado las artes plásticas nunca habían sido de mi agrado, no porque no las apreciara, simplemente no comprendía lo que querían expresar (además de ser pésimo para este tipo de expresión artística) entonces me quedaba con la típica y frustrante elección de lo bonito y lo bello ¡Ingenuo yo, mea culpa and stuff…

Con el tiempo, gracias a aquellos caminos de la vida de los que canta Vicentico, he ido descubriendo otro tipo de música, otro tipo de arte y lo más importante: Una manera diferente de interpretarlas.

Así pues he más mal que bien, que muchas veces no es importante lo que se quiere decir, a veces el arte puede fungir como un medio de expresión para el artista, y aunque muchas veces su contenido será altamente social o con una clara intención, con frecuencia nos encontraremos ante piezas que no están destinadas a ser comprendidas, son ideas y sentimientos sumamente abstractos o pensamientos generales, no existe una regla. Una pieza de arte puede ser mas no es necesario que sea, el resultado de una reflexión personal o general, a veces es tan sólo parte de la búsqueda, es simplemente un paso más en la mente del artista que trata de comprender el mundo que ve, en ocasiones el arte busca al artista y no al revés… pure inspiration.

Entonces, como público, solemos caer en áridos debates sobre lo que el artista quiso expresar con tal o cual obra ¿Por qué no pensar que él solo nos quiso guiar hacia nuestra propia reflexión? Poner algunos ingredientes en nuestra vida para que cada quien los acomode como quiera. Y a pesar de que no exista una regla sólida o definida para juzgar la producción artística, ya que cada pieza puede ser la excepción a la regla, no debemos caer en el afán de entender, sino de sentir y de interpretar nosotros mismos, podemos equivocarnos y errar completamente al tratar de adivinar la intención del artista (si la hubiera) pero a veces es preferible seguir lo que uno siente y piensa, lo que le provocan a través de cierto objeto, o pintura o performance o lo que sea; en lugar de estar buscando cuadraturas inexistentes a circunferencias ciertamente poco definidas.

Claro, la información y una mente abierta pueden ayudar a aproximarse más al sentido de una obra, pero tal vez, solamente tal vez, en ocasiones sea preferible disfrutar ese NO sentido del arte, esa carencia de reglas interpretativas rígidas, esa capacidad de doblar y destruir la realidad a nuestra voluntad ¡Y que cada quien interprete lo que quiera!

 

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Taxi-dermis (Pequeña reflexión)

Distrito Federal, México, siglo XXI, una ciudad de realidades más bien dispares, cada estudiante, ama de casa, empresario u obrero procura abrirse paso en una selva urbana que se devora al más débil. Todos viven corriendo, en el estrés, en los horarios, con la mente en el cielo y la mirada baja… nunca se voltean a ver.

Las personas se olvidan de que están rodeados por seres humanos como ellos, gente con sentimientos, pasiones y una historia que contar. El citadino promedio siempre tiene un lugar al que llegar, una hora para hacerlo y constantes retrasos; no recuerdan los trayectos ni los detalles, no saben cómo o cuando llegaron a su destino, si llovía o nevaba, si fueron o los llevaron, no les importa ser o no ser… están y es lo único que les atañe. Una ciudad con historias intensas e impersonales a la vez. Un cosmopolitismo dónde cada uno tiene algo que decir, el problema es que olvidamos a quién se lo decimos.

A veces por descuido, debilidad o necesidad de confesión hemos de soltar nuestros sentimientos, nuestras ideas, frente al primer desconocido que se nos presente. Todo suele comenzar por el clima y terminar en avanzada filosofía metropolitana. A veces por pura necesidad de transporte abordamos un taxi que no volveremos a ver más y lo convertimos en nuestro espacio terapéutico. Bajamos de él y lo olvidamos para siempre.

Nos olvidamos de los guías urbanos por excelencia, receptáculos de leyendas y realidades, parte integral del inventario y el imaginario chilango. Nos olvidamos de de que cada taxista tiene su propia historia y miles de anécdotas de pasajeros en su haber. Nos olvidamos de que son más que choferes desechables, olvidamos que sienten, piensan y sufren y que a veces son víctimas y no verdugos, consecuencias y no causas. Olvidamos que también tiene piel y están expuestos a quemaduras, olvidamos la taxi-dermis.

 

*Esta reflexión forma parte del documental “Taxi-dermis” escrito y dirigido por: Patricio Marín, Manuel Riestra, Jorge Luis Almanza, Andrés Gaitán y su servidor.

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El dilema Nobel

En cierta ocasión leí un comentario acerca de algunas sospechas (poco fundadas tal vez…) de que lo miembros de la academia sueca, que se encarga de juzgar a los candidatos y entregar los premios Nobel, no supieran leer. Temor que he compartido desde hace algunos años que descubrí, entre las páginas de un laberinto de senderos que se bifurcan, al gran escritor argentino Jorge Luis Borges.

Y desde que me enteré que Borges jamás recibió el tan polémico premio Nobel de literatura me he dedicado a reflexionar un poco acerca de la importancia que la sociedad le da al galardón y la poca credibilidad que éste aún mantiene.

Hace mucho tiempo realmente creía que el Nobel era EL premio… el reconocimiento más grande y me atrevo a decir casi sagrado que podía recibir un hombre que hubiera hecho un avance sin precedentes en alguna de las múltiples áreas del saber humano, pensaba que era un reconocimiento no sólo a la constancia o al esfuerzo sino al talento puro y enfocado hacia el bien, hoy me he dado cuenta que, a pesar de su gran valor simbólico, muchas veces funciona solamente como parte del curriculum político.

Y no mencionaré el Premio Nobel de la Paz como ejemplo, pues sería meterme en camisa de once varas, pero me queda claro que el presidente de los Estados Unidos: Barrack Obama, no ha hecho más que cumplir con su deber al retirar las tropas americanas del Medio Oriente, el Nobel que le otorgaron fue una burla para todos los que creíamos o queríamos creer en la academia.

Prefiero centrarme en la polémica que ha rodeado desde hace ya tiempo al Nobel de Literatura; especialmente en el caso Jorge Luis Borges, pues la reciente obtención del premio de Mario Vargas Llosa, ha puesto de nuevo el dedo en la llaga.

Borges nunca fue un gran creyente, pero estaba seguro de ser un gran escritor, y es considerado por muchos uno de los fundamentales de la literatura en castellano junto con Cervantes y Neruda. En alguna ocasión, el poeta y cuentista argentino comentó; que le gustaría ganar el Nobel para al menos quitarse la etiqueta de eterno candidato. Y es que es cierto, durante largos años, Jorge Luis Borges ganó todo lo posible, recibió todos los reconocimientos, premios, doctorados honoris causa, posibles… sin embargo el gran botín, el reconocimiento máximo, el premio de los premios… nunca llegó.

Hay quienes ven en esta negativa del premio una venganza política contra en duro ultra-derechismo y militarismo del argentino, razones humanísticamente válidas;  pero solamente. Estando cerca de su muerte, Borges admitió haberse equivocado y con esa sonrisa de niño que siempre tuvo, descargó un poco su culpa recalcando su imposibilidad de leer diarios… yo sé que esto lo exime, al haber sido una figura popular e intelectual, Borges debió ser más consciente del mundo en que vivía y enterarse de la actualidad que rodeaba su país, sin embargo como alguna vez lo expuse frente a mi salón: Puede que Borges haya sido el menos argentino de todos los argentinos; él solía decir: “Mi patria es la literatura” … y no me cabe duda que la academia sueca debió haberle dado el premio, puesto que la literatura no sólo era su patria, era su reinado, su refugio y su refugiado.

Jorge Luis Borges fue un revolucionario de la lengua, sin él, es imposible concebir la narrativa en castellano del siglo XX. si el premio Nobel verdaderamente fuera un reconocimiento al talento y el esfuerzo, si como dicen sus estatutos se le otorgará a aquel que haya concebido la obra literaria encarrilada hacia el rumbo correcto más sorprendente y revolucionaria, no hay nadie ni ha habido nadie más merecedor del premio que Borges.

Sin él los premios de Garcia Márquez, Vargas Llosa, Octavio Paz, etc… se ven sin fundamento. Esperemos que algún día el premio Nobel sea de nuevo un reconocimiento que se gane por puro merecimiento, sin vicios y discusiones políticos que lo empañen. Mientras tanto no me queda más que felicitar al gran escritor Mario Vargas Llosa por su reciente reconocimiento, también más que merecido. Él mismo lo señaló: “¿A quién le otorgaría usted el premio si pudiera?”, con una afirmación categórica: a Jorge Luis Borges.”

Foto obtenida de: http://www.cromos.com.co

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