Archivo mensual: octubre 2010

La relatividad cultural

Emprendo la escritura de este texto sin una idea clara del principio o el fin, sé que es un tema que tiene ya varios meses molestándome y la reflexión superficial del mismo me ha llevado a resultados francamente decepcionantes; en un intento por pulir mis ideas comienzo la realización de este post sabatino.

La vida post-moderna que llevamos hoy en día nos suelta diariamente una verdad liberadora y terrible: No existen los absolutos. No hay nada absolutamente cierto o falso, absolutamente bello o grotesco, vivimos en un mundo sin certezas ni valores fijos a los cuales ceñirnos; el arte es relativo, los gustos son relativos, el bien y el mal, lo necesario y lo banal, lo importante y lo desechable…todo. Lo anterior puede ser sumamente provechoso o conflictivo según se vea.

No defiendo postura alguna, pienso que el poder relativizar todo le da al ser humano una libertad creativa avasallante y un potencial tremendo, el hecho de que las academias y los académicos incuestionables y dogmáticos hayan pasado de moda, da paso a una nueva forma de aprender y emprender, un maestro ya no tiene la verdad absoluta en sus manos, se pueden cuestionar a las instituciones y los movimientos. Pero en esta ocasión hablaremos de la parte conflictiva y productiva de la relativización cultural.

Empecemos por algo “superficial” y de ahí avanzamos: El fútbol. Este deporte es el más visto, practicado y seguido en México… también es al que más dinero se le invierte y el que más gana, el fútbol mexicano es un negocio enorme donde se manejan cantidades extraordinarias de dinero por cosas aparentemente no tan importantes. Empecemos con nuestro ejercicio, aquí van algunas preguntas comunes que genera el fútbol (y sus derivaciones): ¿Por qué no se le invierte más dinero a los jugadores jóvenes? ¿Por qué no se promueve una liga más competitiva? ¿Por qué sacrificar lo deportivo por lo económico? ¿Por qué se le da apoyo a un deporte donde no se han obtenido éxitos? ¿Por qué no se apoya más a los atletas olímpicos? ¿Por qué en México no se apoya a los atletas paralímpicos? ¿Por qué no se promueve más la cultura en lugar del deporte? ¿Por qué no se le invierte más a la ciencia y la tecnología en vez de al fútbol, béisbol, etc?…

¿Un poco pesado cierto? Si continuáramos es probable que nunca se terminara la lista de cuestionamientos sobre qué tan importante es una disciplina sobre otras.  Y este es un debate sin rumbo puesto que vivimos en un mundo de culturas tan individuales que no existe una verdad que deje satisfecho a todos.

Por ejemplo podríamos insistir en que se invierta más en la tecnología, que sea más accesible, más barata, más rápida y fácil de usar… por otro lado también queremos que los mexicanos lean ¿No? ¿No nos quejamos siempre de lo “incultos” que somos? ¿Del famoso medio libro al año? Entonces en un país como el nuestro la inserción de nuevas tecnologías podría sepultar definitivamente el hábito de la lectura en futuras generaciones. Suena un poco aventurado pero podría ser cierto, finalmente en México tendemos a sustituir lo viejo por lo nuevo, lo barroco por lo funcional, tal vez en otros países se enseñe como equilibrar el uso de la tecnología con el amor por la lectura pero en México tendemos a enaltecer demasiado algunos falsos mitos en vez de darles el lugar que se merecen.

Ya he mencionado los debates artísticos entre lo qué es arte  y lo qué no lo es, el problema viene resultando que la línea puede ser tan delgada y flexible que no podemos criticar una postura ajena, pues el contexto y la visión de cualquier persona dan lugar a su opinión y a su verdad individual, que es igual de cierta que la nuestra; nadie posee una certeza sobre nada.

Entonces ¿Tecnología o lectura? ¿Progreso o quietud? ¿Pueden ser ambas? ¿Ninguna? ¿Arte o Ciencia? ¿Art-ciencia? ¿Facebook o Twitter? ¿Enciclopedias o blogs? ¿Wikipedia o conocimiento tradicional? ¿Es importante la cultura? ¿Es importante el deporte? ¿Somos importantes nosotros? Todo es relativo…

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Nacimiento

Leopoldo Gavilán  estaba sentado en la mesa de un desayunador bastante minimalista, las paredes blancas, los materiales metálicos, la sensación de soledad, dotaban a su cocina de un aspecto higiénico y pulcro. Mientras sostenía un cuchara repleta del cereal que estaba comiendo Leopoldo se preguntaba. Cabe aclarar que preguntarse era una de las actividades favoritas de nuestro personaje, le gustaba cuestionarse a todas horas y acerca de todo: ¿Por qué andar? ¿Cómo perderse? ¿Qué hacer? ¿Cuándo encontrarse? y ésta era su rutina de todos los días, vivir, dormir y preguntarse.

El sentimiento de soledad se fue acrecentando a su alrededor, se sentía estrecho e infinito a la vez, en el pecho se gestaba una opresión debido a la infinitud hacia donde lo llevaban sus pensamientos. El alma se escapaba hacia lo desconocido sólo para reducirse de nuevo a la nada, su mente divagaba por densos mares de turbulentas aguas y se internaba a su vez en costas azules y de blanca arena.

¿Por qué existir? ¿Cómo existir? ¿Tengo sentido? ¿Quién soy cuando nadie es nadie? ¿Si no importa quién es quién por qué me importa ser? ¿Siento miedo? ¿Qué es sentir? Si me dijeran que mañana muero… ¿Para qué preguntarme si vale la pena?

La cuchara cayó lentamente de su manos, resbalándose por su sudorosa palma, resistiendo la irrealidad de lo real, aferrándose a lo aceptado, a lo dogmático; la cuchara cae  en un suelo de pulidos azulejos sin sentido. Leopoldo Gavilán busca respuestas en el aire que le permitan seguirse cuestionando: El suprarrealismo ha nacido.

 

Por inspiración del texto y sin permiso de: Sophie

 

JP

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Ironías del ser “culto” (Discuzzione artística)

¿Qué es arte? ¿Para qué sirve? ¿Quién lo decide? ¿Quién lo hace? ¿Cuándo? ¿Por qué?…

Me gustaría comenzar con un pequeño pensamiento: “Entre más sé, más desconozco; mientras obtengo más herramientas para comprender el mundo, gano y pierdo constantemente la perspectiva del mismo.”

Comencé mis cavilaciones vespertinas confrontándome  y tratando de analizar lo que sé acerca del arte y como lo percibo, intentando ser objetivo, mecanizar, sustraer, entender… no llegué a ningún lado.

En los últimos meses he conocido más de arte contemporáneo y post-moderno que nunca en mi vida, de hecho jamás había tenido un contacto con este tipo de expresión artística hasta hace muy poco, probablemente debido a mi falta de práctica en estos asuntos sea que me veo envuelto en una serie de dilemas que, mi incontenible curiosidad, no soporta de buena manera.

Resulta pues, que hoy en día parece ser que todo puede ser arte y todos pueden ser artistas en palabras de Joseph Beuys, y aún así no me quedo satisfecho, al diversidad de opiniones, puntos de vista, facciones, matices que puede tener el arte post-moderno y contemporáneo abarca una universalidad tan basta que es imposible encasillarla en tal o cual frase.

Aquí viene entonces la pregunta que hoy en día fastidia a críticos, artistas y la mente de este particular narrador sin especialidad alguna más que la de navegar por dispersos mares: ¿Qué es arte y qué no?.

Y es que este es el meollo del asunto, si pudiéramos encontrar una definición universal, perfecta e inclusiva de arte no tendríamos las discusiones y paradojas que nos ocupan hoy (o les ocupan ¿yo quién soy en el mundo del arte?).

Me gustaría retomar algunos puntos de vista que me parecen interesantes. Por una parte se dice que el arte contemporáneo y post-moderno es elitista, es decir que se necesita un nivel de conocimiento, cultura y contexto para entenderlo (Leer “El Cubo Rubik” hace unos post). Se comenta que una persona de cultura media podía apreciar y disfrutar  un cuadro impresionista, pero las tendencias artísticas actuales impiden cualquier tipo de experiencia estética y al contrario promueven una transgresión de lo artistica y academicamente correcto.

Aquí va una reflexión de mi compañero Francisco de el curso de francés (por si algún día llega de casualidad al blog) Fue más o menos así: “Es interesante ir a los museos de arte contemporáneo y observar las piezas tan abstractas que hay, una vez ahí no importa lo que sabes sino como lo interpretas, todos somos iguales ante esa pieza de arte y cada persona, le guste  o no, lo entienda o no, lo considere arte o basura, realiza inmediatamente un juicio artístico y estético de la pieza, no existe una opinión absoluta.”

Y continuaba aproximadamente de la siguiente manera: “Al creernos universitarios e intelectuales creemos tener la interpretación correcta, al tener la información excluimos e invalidamos las demás opiniones, marginamos la experiencia sentimental y cultural que una persona “inculta” para nosotros, puede tener ante el arte.”

No fueron exactamente estas sus palabras, pero se acercan bastante, esta opinión de Francisco al principio me chocó un poco, pues me había habituado a pensar que para entender el arte actual hay que obligatoriamente tener un contexto histórico de la obra o la exposición; sin embargo, sus palabras me removieron bastante y me llevaron a pensar que tal vez, sólo tal vez, el arte de hoy no sea de comprenderse e interpretarse, sino de sentir, percibir, dejarse llevar por la propia experiencia para realizar nuestro propio juicio, no marginar otras opiniones ni defender nuestra postura a capa y espada.

Creo que las opiniones artísticas hoy día deben ser tan maleables como el arte en sí, aún sigo pensando que es importante tener una información previa antes de tratar de comprender una obra de arte actual. Pero creo que sería un ejercicio de gran valor olvidarme por un momento del contexto, del autor, del movimiento y centrarme en percibir ¿Qué me transmite lo que estoy viendo? ¿Todos podemos ser artistas? ¿Todo puede ser arte? ¿Todos podemos entenderla a nuestra manera? Tal vez, tal vez no… la discuzzione continua.

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Moraleja sin cuento

Hace algún tiempo me encontraba yo entre los alumnos de una clase de Pensamiento Social y Panorama; impartida por el entonces célebre doctor Jesús Tablada Márquez, famoso activista político, preso político, teórico político y además de todo… político.

Resulta que aquella tarde de Noviembre discutíamos distintos problemas de la sociedad mexicana urbana, concentrándonos especialmente en la utilidad de las manifestaciones, el comportamiento estructural de las huelgas y el arte como medio de protesta ciudadana. Uno de los puntos cruciales en los que derivó de la disertación fue que el mexicano no hace si otro no lo hace primero y que el sustento y la consecuencia de toda protesta es el caos.

En algún momento que nadie ha sabido determinar aún, un compañero de la clase dijo: “Profesor, creo que es inútil proseguir, todos sabemos que está mal que los pobres sean pobres, que los ricos sean cada vez más ricos, que la clase política con sus notables excepciones (salida digna de un  senador) sea cada vez más pueril… los problemas están a la vista de todos y los cantos de lucha contra el sistema no ayudan a solucionarlos”

Con la mirada de un cazador encandilado por una hermosa ave el doctor contestó a su rebelde pupilo: ” Y usted ¿Qué ha hecho?” Causa de la sorpresa mi compañero sólo logró balbucear algunas palabras incoherentes para rematar con un: “¿Qué he hecho de qué?” A lo que Tablada M., prosiguió a responder: “Sí, ¿Usted que ha hecho por los pobres que son cada vez más pobres, o contra esos ricos de los que se queja? ¿Qué acciones ha llevado a cabo? ¿Qué campañas ha realizado? ¿Cómo combate la injusticia que está a la vista de todos? Pues si bien el problema está a la vista de todos, la solución está en la boca de cada uno, es sólo que no nos atrevemos a pronunciarla, no queremos renunciar a nuestra vida cómoda y nuestra indecente rutina, nos gusta creernos libre pensadores, trabajadores e intelectuales cuando no somos más que el residuo putrefacto de las divisiones sociales; nos gusta estar arriba de algunos a los que compadecer, pero abajo de otros a los que criticar, no has tenido nunca la necesidad de emprender nada ni de protestar por nada ¿Cómo piensas comprender la carencia y el poder si nunca los has tenido?”

Y era cierto nunca había hecho nada, ni mi compañero de clase Alan Moreno y tampoco ninguno de los otros que estaban sentados en aquel salón. Pensándolo bien debería de incluirme, jamás he hecho algo por acabar con la mediocridad de este país… mi país; aunque seguramente el “filoso” Jesús Tablada tampoco, sólo le gusta criticarnos y hablar ¿Por qué voy a empezar yo a moverme si él no lo hace?

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Micro-ficción I

Jorge Espínola  se encontraba frente a su computadora personal, serían cerca de las ocho de la noche y debía terminar un relato para antes de las nueve, no cualquier tipo de relato, esta vez sería algo especial estaba seguro de ello, pero ¿Qué podría escribir?.

Desde hacía varias semanas la idea de escribir una mini-ficción le removía el estomago ¿Cómo hacerla? un relato muy muy corto en el que el nudo, el clímax y el desenlace se conjuntaran para un genial frase final.

Después de revisar su imaginario de ideas se decidió y comenzó a escribir un cuento sumamente breve, en él, el protagonista con un nombre bastante genérico se dedicaba a escribir un cuento breve por encargo, cuando de pronto, a punto de llegar a las últimas frases moría víctima de la pluma de Jorge (el micro-ficcionista que lo había inventado).

A punto de terminar su relato Jorge Espínola comenzó a sentir un dolor de cabeza fortísimo para después desplomarse y…

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Ciclicae II

La noche y sus difusas luces amarillentas se agitan entre las calles de Sullivan y Miguel Shultz. Me dan asco, el hecho de ver como se arrastran por las calles húmedas de la ciudad me resulta más repugnante que el putrefacto olor de las alcantarillas, son seres repelentes, cascarones sin vida resultantes de una existencia sans sens, gente deprimente y deprimida que vaga por callejones y transitan mundanos rincones en busca de una recompensa sexual que se pueda comprar con efectivo.

Tras las sucias esquinas de esta maltrecha zona, se vislumbran tan sólo un par de piernas, un escote, una voz… y los alacranes y reptiles se acercan a ellas en una incomprensible danza de regateo y coqueteo (en el mejor de los casos), en el peor son ya viejos conocidos, clientes frecuentes o desesperados, alcohólicos, drogadictos… la crema y nata de la inmundicia capitalina.

Mi sentido del pudor me impide ver a los jóvenes o viejos que satisfacen sus deseos en cualquier esquina con cualquier dama, es demasiado ¡Cavernicolas! No conocen la civilización, poco a poco el ambiente se va tornando más denso y las llantas que se están quemando a tan solo unos metros no mejoran la situación. El humo me ahoga y casi no veo nada, ¿Qué son estos seres? El hedonismo, el no -control, hoy día los hombres deberíamos comportarnos como tales, con dignidad, sabernos manejar en cualquier sitio y no ceder ante tentaciones tan mundanas como la carne comprada.

¡Moral señores, moral! Los valores no existen más, ni siquiera las apariencias, pareciera que hoy cada quien es libre de hacer lo que se nos da la gana, ¿Libertad? ¡Qué estupidez! son sólo las reglas y normas aceptadas las que nos mantienen en pie como especie, una que por cierto, se está yendo al carajo.

Los tristes animales parecen rodearme, cuchichean unos con otros ¿Qué hago yo aquí? El olor se vuelve indescriptiblemente inmundo y los paseantes nocturnos se congregan a mí alrededor, trato de correr y me cierran el paso, trato de gritar pero de mi boca no sale nada, estoy paralizado por el miedo y el asombro. Las putas y los chineros juntos me tienen sometido, no hay escapatoria y caigo de rodillas; comienzo a berrear, a patalear y golpear, cuando unas manos delicadas me toman de la solapa y me apartan.

¿Qué recuerdo? Poco o nada, las manos me llevan por calles desconocidas y me tiran en una cama que igual desconozco, soy un extraño en este mundo de bajas pasiones. Me desvisten, me besa, yo no quiero hacerlo, la atmósfera es absorbente y viciada, de un momento a otro me encuentro encima de ella, sólo aprieta los labios y cierra los ojos, alejo mi cara de la suya para verla mejor y siento un brazo por mi cuello y una mano en la nuca… la llave china.

El sonido de un claxon me despierta y espabila, tengo que estacionarme a tomar aire, la pesadilla fue terrible aunque ahora recuerdo poco o nada de ella, el sudor perla mi frente y no resisto más, bajo del carro y miro hacia el cielo. La noche y sus difusas luces amarillentas se agitan entre las calles de Sullivan y Miguel Shultz ¡Me dan asco!

JP

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¿Para qué leer?

Recientemente la cavilaciones de su humilde y disperso narrador lo han llevado a la pregunta que le da nombre al presente post; y es que con cada escrito que leo aprendo (o creo aprender…) un poco más de este hábito que hasta ahora es enaltecido por todos e ignorado por más. Entonces quisiera hacer una reflexión muy personal sobre para qué leer…

En realidad uno no nace teniendo que leer nada, se lo van enseñando ya que la interpretación de signos gráficos es indispensable en la vida de cualquier homo sapiens sapiens que se diga serlo. Sin embargo, de sólo poder comprender lo que está escrito, a adquirir un hábito o un gusto más o menos frecuente por la lectura de libros hay una gran diferencia, diferencia que nos nos hace mejores ni peores (cosa que me tardé en aprender debo admitir).

Creo que el amor por la lectura debe ser formado desde la infancia, muchas veces uno no tiene la culpa de que no le guste agarrar un libro y sentarse a leerlo, y mucho menos con una cultura basada en imágenes e información flash como la de hoy día; sin embargo si algo puedo rescatar (entre muchísimas otras cosas) del libro “Cuestión de amor” de Germán Dehesa, es que nunca hay que ser arrogantes, pedantes ni petulantes por ser “lectores”.

Y es que es común y frecuente creerse culto, sabio e inteligente por tener un cierto gusto por los libros y esto es completamente falso, las personas no son ni más ni menos inteligentes por leer o no, es cierto que el hacerlo te da muchas herramientas y un bagaje cultural más amplio, pero así como puedes extraer cultura de los libros, mucha gente extrae cultura de la música, la pintura, la mecánica, las ciencias, el canto, la danza, etc. La cultura no está encerrada en libros y manuscritos, simplemente es una serie de factores que alteran nuestra vida y nuestra historia, el cómo llegamos a estos factores es problema de cada uno, ninguna forma (mientras no dañe al prójimo) debe ser mejor o peor.

Ahora, desde lo poco o casi nada que he podido leer a lo largo de mi vida, he aprendido que ésta es una maravillosa forma de acercarse a distintos sitios, distintas corrientes de pensamiento, hechos y diversiones generalmente poco conocidas.  De hecho alguna vez escuché que lo mejor para vacunarse contra la lectura es leer algo que no te gusta, que no disfrutas o que te aburre, así que aunque haya veces que tengo que hacer determinadas lecturas por obligación, no es extraño que deje inconcluso o es más que sólo lea dos páginas de cierto libro para no volverlo a tomar más.

Antes (hace no mucho) me sentía especial por leer “mucho” cosa que me di cuenta después era falsa, puesto que “mucho” o “poco” siempre será relativo, he leído mucho a comparación de la media mexicana, he leído poco a comparación de muchos amigos míos, he leído nada a comparación de lo que se ha escrito. Y en el momento en el que alguien me preguntó “Es que ¿Para qué leo?” me dí cuenta que toda mi sabiduría lectoril (me permito la palabra) se había ido por un tubo… no sabía la respuesta. No sé si leer sirva más que para llenar algún vacío que tenemos o para ayudarte a expresar “correctamente” pero pienso que su función principal es cuestionarte acerca de lo que sabes y lo que no.

Creo que leer es una cualidad maravillosa que algunos poseemos, pero una cualidad como lo puede ser cantar, bailar o correr… no tiene nada de extraordinario ni de sabio el ser un lector apasionado; por mí parte desde hace mucho me mueve un amor incondicional por los libros y me he topado con gente que comparte esta afición, sin embargo me he encontrado personas muy valiosas e inteligentes cuyo contacto con los libros por el simple placer de leer es casi nulo.

Definitivamente recomiendo leer, leer de todo y con todo y mientras se pueda, es una costumbre que te da una multi-visión del mundo muy especial, pero ésta también se puede obtener por caminos completamente desconocidos e inexplorados por su humilde y ávido narrador. El leer me ha llevado a descubrir que en la vida los libros no lo son todo… aunque una buena parte de la mía.

JP

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