Que no se acaben los lectores…

En la película Medianoche en París un joven Hemingway le espeta al actor Owen Wilson que un libro honesto es un buen libro. “No hay nada lindo en morir en el lodo, a menos que se muera con gracia”. Quizás haga falta aplicar este tipo de aforismos a la narrativa mexicana de años recientes, se necesitan libros sinceros, francos; novelas en las que el escritor no rodee y vaya al grano, historias en las que se demuestre y se justifique una frase tan trillada como: Poder narrativo.
Afortunadamente existen escritores como David Toscana y novelas como El último lector, publicada en 2010 por Alfaguara. En ella, se narra la historia de la sequía que acosa al pueblo de Icamole y la aparición del cadáver de una niña en el pozo de Remigio, el patético coprotagonista de la novela. Remigio, aunque inocente, decide esconder el cadáver de la pequeña, para lo cual pide ayuda a su padre Lucio, bibliotecario y único lector de todo Icamole.
La trama va discurriendo entre judiciales corruptos, una madre resignada por la muerte de su hija y falsos culpables del asesinato de Babbette (como bautiza Lucio a la niña). También se nos va revelando la historia de Icamole, un pueblo árido e ignorante que tiempo atrás había sido escenario de grandes batallas. Sin embargo, lo verdaderamente atractivo de la novela radica en la vida de Lucio y su gran pasión: La buena literatura.
En su biblioteca, Lucio tiene un cuarto reservado a libros censurados, la clase de libros que uno puede encontrar en la mesa de novedades del Sanborns. Historias cándidas, novelas que mancillan el lenguaje por la torpeza de sus autores, diálogos inservibles y personajes mal construidos se alojan en aquel cuarto maldito oculto en la biblioteca municipal de un pueblo donde nadie lee. Toscana aprovecha a su personaje para imponer, sin ninguna concesión, sus opiniones sobre literatura: Critica a los cursis, a los superfluos, a los obsesionados con poner la marca de la ropa que usan o del vino que beben sus personajes, a aquellos incapaces de escribir toda una novela sin usar el guión largo o sin repetir él dijo, dijo él, exclamó él, él exclamó… E incluso a “todos esos hijos de la gran puta que predican que Latinoamérica ya no da para las letras si no se le disfraza de gringuez.”
Así, David Toscana nos ofrece una obra cínica, concreta, poderosa. Sus oraciones enuncian con gran fuerza y claridad al grado de lograr que con el paso de las páginas, nos olvidemos de ese cuerpo enterrado bajo un árbol de aguacates, pues según Lucio, en la literatura descubrir al asesino no es lo más importante.
Aunque no alcanza la complejidad de El ejercito iluminado y en algún momento puede tornarse ligeramente panfletaria, El último lector es una gran novela que se va disfrutando en distintos planos, tanto por la historia como por el lenguaje, e incluso sólo por escuchar a Lucio despotricar contra ciertos escritores, las más de las veces por todo el conjunto. Además, demuestra que se puede escribir una novela universal situada en un remoto pueblo del norte del país, sin más artificios que la buena narrativa, sin necesidad de anunciar que se quiere cambiar la percepción literaria de América Latina en el mundo, sin ser parte de ningún reputado grupo más que de esa atomizada y mal nombrada quimera que son “los escritores del norte”.
Probablemente si Toscana hubiera esperado dos años para escribir esta novela, hubiera también criticado a los escritores seudo-intelectuales que discuten si la palabra plagio existe o no en ese monstruo que es la RAE. En fin, poco importa, pues en palabras de Lucio: “Nunca sabrá nada de eso porque escribir no es vivir, porque leer tampoco lo es.”

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Pasados comunes

Obtenido de: alfaguara.com

Novelas de narcotráfico hay muchas. América Latina parece estar condenada a repetir situaciones comunes de un país a otro, adaptando las mismas a un contexto determinado. El tráfico de drogas y la violencia que éste genera no es la excepción. Sin embargo, la literatura que logra captar mejor el sentimiento de miedo de una sociedad sumida en el narcotráfico como una circunstancia común, es aquella que de manera indirecta, no se dedica a retratar la violencia como un fenómeno aislado. Como un juego macabro entre poderes fácticos y gobierno. Sino la que toca las fibras humanas y sensibles, de aquellos que viven en esa situación. Una bomba no significa nada hasta que acaba con vidas humanas, y hasta que estas vidas humanas dejan de ser una estadística,  hasta que  cobran un rostro propio.

En este contexto, la novela El ruido de las cosas al caer, del escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, es difícilmente clasificable como una novela acerca del narcotráfico, aunque sus personajes (nacidos en las década de los 70’s, en la Colombia de Pablo Escobar), comparten sus fobias y un pasado marcado por una guerra que ellos no eligieron luchar.

Así, esta obra ganadora del Premio Alfaguara de Novela 2011, explora la vida de Antonio, un abogado aburrido que es casi asesinado al acompañar por la calle a Ricardo Laverde, un extraño amigo de billar común. Antonio, traumatizado a partir de la muerte de Laverde, tratará de entender la fobia de la vida pública, a partir de reconstruir el pasado de su amigo.

Juan Gabriel Vásquez teje una narración en primera persona para contar la vida de Antonio, y va recurriendo a los recuerdos y las lecturas del pasado, para recrear la vida de Laverde. El personaje de Antonio está muy bien construido, además, Vásquez hace a su personaje hablar con claridad y poética a la vez. Sin embargo la novela echa falta un poco de cohesión entre Antonio y Maya (la hija de Laverde), pues su relación hecha en base a recuerdos se percibe como superficial.

El autor rememora como la Colombia de los años ochentas, dejó marcada a fuego a una generación. La generación de Pablo Escobar. La generación que no podía salir a la calle por miedo a no regresar nunca. Una generación de candidatos asesinados, en que, desde la residencia de Escobar, se dictaba el futuro de Colombia.

El gran mérito de esta novela, está en recrear vidas humanas y hacerles recordar hechos violentos, para así lograr una identificación mayor con el lector, que sufre a la par que disfruta, las experiencias de los personajes en cada una de las 260 páginas. Las muertes no son más números.

Sin duda El ruido de las cosas al caer, comprende tópicos más poderosos que el narcotráfico. Como la importancia de no olvidar el pasado, a la vez que persiste la idea, de no dejarse atrapar por el mismo. El amor como un elemento presente en la vida cotidiana y no como idealización. O incluso las contradicciones humanas como parte de nuestra naturaleza imperfecta.

Esta novela, impacta al lector mexicano, no sólo por su evidente calidad narrativa y de construcción literaria, sino porque se vuelve un reflejo de la situación de inseguridad actual en el país. Un reflejo que no parece vaya a mutar pronto.

 

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Un año en libros

A principios de 2011, me hice el firme propósito de leer al menos un libro por semana durante todo el año, en parte ha sido un ejercicio sumamente ególatra (permite presumirle a los demás lo que leí), y por otro lado, ha sido una forma interesante de visualizar un poco del recorrido literario del año. Así que, por si andaban con el pendiente, logré mi propósito. Nunca había leído tantos libros de cuentos, ni me había interesado antes las crónicas periodísticas. Las novelas siguen siendo un factor común cada año. Algunos de los libros estaban reunidos en un solo volúmen, y hay tres que ya había leído con anterioridad, pero por asuntos escolares o algún otro asunto los re-leí. Les dejo aquí los títulos, en orden cronológico, de lo leído este año, algunos son de autores que ya conocía pero la mayoría nunca los había leído. Pueden tomarlo como recomendación o como un simple recorrido de mi año 2011 en libros.

1.- Pedro Páramo- Juan Rulfo

2.- El llano en llamas- Juan Rulfo

3.- Nadie acabará con los libros- Umberto Eco y Jean-Claude Carrière

4.- Asalto al infierno- Óscar de la Borbolla

5.- La misteriosa llama de la reina Loana- Umberto Eco

6.- Novecento- Alessandro Baricco

7.- El cementerio de Praga- Umberto Eco

8.- La boca llena de tierra- Branimir Scepanovic

9.- Los periodistas- Vicente Leñero

10.- Las siete claves del éxito de Disney-

11.- Jerusalén- Gonçalo M. Tavares (re-leído)

12.- La guerra de Galio- Héctor Aguilar Camín

13.- Los anacrónicos y otros cuentos- Ignacio Padilla

14.- El jardín devastado- Jorge Volpi

15.- El androide y las quimeras- Ignacio Padilla

16.- Los mejores cuentos mexicanos (año 2000)

17.- Un hombre sin cabeza- Etgar Keret

18.- La sangre erguida- Enrique Serna

19.- Los límites de la noche- Eduardo Antonio Parra

20.- Tierra de nadie- Eduardo Antonio Parra

21.- La insospechada María y otras mujeres- Claudia Guillén

22.- Las partículas elementales- Michelle Houllebecq

23.- Los trenes nunca van hacia el este- Jorge Alberto Gudiño

24.- El último encuentro- Sandor Marai

25.- Los otros- Claudia Guillén

26.- Los sinsabores del verdadero policía- Roberto Bolaño

27.- Historia de lo fijo y lo volátil- Fernando de León

28.- Lo fugitivo permanece- Selección de Carlos Monsiváis

29.- Grey- Alberto Chimal

30.- Compraré un rifle- Guillermo Fadanelli

31.- Los culpables- Juan Villoro

32.- La otra orilla- Julio Cortázar

33.- La vida privada de los árboles- Alejandro Zambra

34.- Bonsai- Alejandro Zambra

35.- La ciudad imaginada y otras historias- Alberto Chimal

36.- La piedra de la paciencia- Atiq Rahimi

37.- Parábolas del silencio- Eduardo Antonio Parra

38.- Los esclavos- Alberto Chimal

39.- Pétalos- Guadalupe Nettel

40.- Hipotermia- Álvaro Enrigue

41.- Plataforma- Michelle Houellebecq

42.- Llamadas telefónicas- Roberto Bolaño

43.- Tres rosas amarillas- Raymond Carver

44.- Formas de volver a casa- Alejandro Zambra

45.- Extensión o comunicación- Paulo Freire

46.- El viajero subterráneo- Marc Augé

47.- Conversación en La Catedral- Mario Vargas Llosa

48.- Por la izquierda- Silvia Cherem

49.- Alicia en el país de las maravillas- Lewis Carroll

50.- La chica que soñaba con un cerillo y un galón de gasolina- Stieg Larsson

51.- Putas Asesinas- Roberto Bolaño

52.- El gaucho insufrible- Roberto Bolaño

53.- Contra la historia oficial- José Antonio Crespo

54.- La guerra del fútbol- Ryszard Kapuscinski

55.- Con amor, tu hija- Jorge Alberto Gudiño

56.- El extranjero- Albert Camus (re-leído)

57- El hombre en busca del sentido- Viktor Frankl (re-leído)

58.- Los trabajos del reino- Yuri Herrera

59.- Huesos en el desierto- Sergio Gonzáles Rodriguez

60.- Cien años de soledad- Gabriel García Márquez

61.- Los once de la tribu- Juan Villoro

62.- Marcial Maciel: Historia de un criminal- Carmen Aristegui

Les comento que actualmente estoy leyendo Dos crímenes, de Jorge Ibargüengoitia que será el primero en la lista de 2012. Esperemos subir el número el próximo año. Reciban un abrazo y pásenla bien.

JP

 

Faltan algunos, pero aquí estamos...

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Un post que llega tarde

Obtenida de: swotti.com

Gabriel García Márquez ha sido un nombre que, en mi imaginario literario, me ha acompañado desde siempre. No es mi autor favorito, tampoco le guardo la gran veneración que muchos “fans” le profesan, me parece un gran escritor y narrador al que he ido descubriendo poco a poco, pero desde que tengo memoria lectora (es decir, desde que leí Harry Potter), un libro había estado rondando en mi cabeza, como una de esas molestas moscas que no lo dejan a uno en paz: Cien años de soledad. El libro favorito de mi madre. El libro que la primera vez que intenté leerlo, a eso de los 11 años me pareció de lo más incomprensible. Recuerdo haber preguntado con harta preocupación “¿¡Pero por qué revive Melquiades?!” y eso que era apenas la primera vez que el sabio gitano volvía del inframundo. Ese fue el primer intento. Menos de 50 páginas.

Algunas veces más trataría de leerlo con resultados semejantes, sin embargo, con el pasar de otro tipo de lecturas fui comprendiendo un poco más acerca del libro. El problema con Cien años de soledad es que es tan imponente e importante, que cuando a uno le interesa es difícil no enterarse de la vida del autor, la relación Macondo-Aracataca, lo que es y no es el realismo mágico y el boom, entre otras cosas.

A los 13 años leí Crónica de una muerte anunciada, en un solo día por cierto… el día de mi cumpleaños. En fin, alrededor de los 15 llegó el turno de El amor en los tiempos del cólera, y le seguiría Memorias de mis putas tristes.  Entre los 17 y 18 años tocó La hojarasca. Y entre tanto el infame Cien años… continuaba añejándose. A la par fui descubriendo a Borges (que tiene su propia historia), Cortázar, Carlos Fuentes y Vargas Llosa, pero esa novela un poco desbaratada con las pastas amarillas se me seguía resistiendo.

Hace aproximadamente dos años estuve sumamente cerca de conseguir mi objetivo, de saldar mi más antigua deuda literaria, alrededor de 90 páginas me separaron del punto final. Ya para ese entonces podía recitar de memoria el inicio (“Muchos años más tarde…”) y la conclusión (“Las estirpes condenadas”) del libro, pues mi curiosidad infantil me había hecho ver las últimas líneas de la novela aún sin comprender nada. En ese último intento fui auxiliado por la edición conmemorativa de la Academia de la Lengua Española, y el árbol genealógico que incluye. Por motivos que no entiendo, una vez más no terminé de leerla. Ese año, incluso resolvi un examen acerca de la novela en el que obtuve el 10… sin haberla concluido desde luego.

Finalmente, para coronar un año de muchas lecturas, me decidí a leerla por completo. El razonamiento principal fue: “Ya me eché Conversación en la catedral (una obra monumental de Vargas Llosa) no puede ser que no pueda aún con Cien años…” Tardé alrededor de cinco días (vacaciones), y fue la edición de Editorial Diana, la de pastas amarillas, la que no trae árbol genealógico atrás. Cuando llegué a la última página, en el momento en que Aureliano Babilonia está descifrando los manuscritos centenarios, yo temblaba de emoción. Lo había conseguido, por fin.

De poco sirve tratar de contar la historia, confirmo que García Márquez no es mi autor favorito pero su poder narrativo es increíble. Pocas novelas alcanzan a la vez tal profundidad en los personajes y una amplitud de la historia tan imponente. La gestación y desaparición de una estirpe, de un pueblo, de todos sus habitantes en una muerte física y mental. Las supersticiones, los amoríos, la infame compañía bananera (que tanto mal ha causado a América Latina), los gringos, los nativos, los gitanos, los vivos, los muertos… Todo en una novela que uno se va bebiendo de a poco.

Se cierra tan solo un capítulo más de mi propia novela, en la que el antagonista es Gabo y su novela maldita, la he regresado al librero con la seguridad de que, al re-leerlo, descubra aún más historias y significados. Pues como indica Calvino: “Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento.”

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Reinventar el oficio

“La lectura era un vicio profesional”
-Gabriel García Márquez

    El periodismo actual, al menos en México, está compuesto por declaraciones y por cifras frías, dos características que han desvirtuado el oficio de la información. Las notas periodísticas son pequeñas capsulas que se limitan a narrar un hecho y en el peor, son solamente una oración dicha por alguna autoridad o el número de muertos del día. Claro, podemos culpar a la tecnología, a la modernidad y a un mundo cada vez más preocupado por la inmediatez, pero es poco loable que, los supuestos intérpretes y narradores de la realidad se conformen con “pasarnos al costo” lo dicho por las fuentes oficiales. La apatía por la actualidad es un engaño de la posmodernidad, el mundo siempre ha estado y sigue ávido de información, necesitado de mediadores entre la realidad y la sociedad; una vez que estos mediadores se resignan a leer un comunicado de la presidencia y a basar en él su nota principal, todo el oficio del periodista pierde su razón de ser.

En una época tan violenta como es la que se vive en México, el periodismo cobra una importancia aún mayor, y no debe en ningún caso intimidarse ni conformarse. El hecho de que los mal llamados “líderes de opinión” digan: “Van más de 50, 000 muertos en el sexenio” no implica ninguna labor intelectual digna de ser llamada periodismo. El interpretar esta cifra y analizar las causas y consecuencias de la misma, conecta más a la audiencia con su entorno social. Los números no mienten, pero tampoco significan gran cosa. Lo verdaderamente importante radica en lo que se esconde detrás de esos muertos, cada historia, cada familia, cada vida arrebatada debe de tener un peso específico, sólo así el periodismo acerca a la sociedad a su realidad social, y al confrontar esta realidad, la ciudadanía podrá comprender y ser empática y (quizás) útil. En palabras del periodista y escritor argentino Tomás Eloy Martínez:

Cuando leemos que hubo cien mil víctimas en un maremoto de Bangla Desh, el dato nos asombra pero no nos conmueve. Si leyéramos, en cambio, la tragedia de una mujer que ha quedado sola en el mundo después del maremoto y siguiéramos paso a paso la historia de sus pérdidas, sabríamos todo lo que hay que saber sobre ese maremoto y todo lo que hay que saber sobre el azar y sobre las desgracias involuntarias y repentinas.  [1]

La narración debe ser un recurso para los periodistas en la actualidad, si lograran conformar una historia, y a través de ella explicar un fenómeno social, el resultado sería una mayor comprensión de la audiencia para con el hecho tratado. Y esto no es válido únicamente para el periodismo escrito. Aunque la televisión y el radio se basen en imágenes y voz respectivamente, es la forma y no el formato lo que impacta al espectador. Aunque en general no podemos permanecer indiferentes cuando observamos el lanzamiento de un misil el Libia, el impacto es mucho mayor cuando conocemos al dueño de la casa donde impactó ese misil, pues se crea inmediatamente un vínculo sentimental, la terrible sensación de: “Caray, eso podría pasarme a mí.”

El lenguaje es el vehículo mediante el cual las historias toman forma, y depende enteramente del narrador el dar credibilidad y fuerza a un suceso por medio de las palabras; por lo anterior se vuelve fundamental un uso correcto y comprensible de la redacción y la narración, así como un conocimiento extenso del tema a tratar. Lo señala el llamado mejor reportero del siglo XX, Ryszard Kapuscinski: “Personalmente creo que existe una relación entre la lectura previa y la buena escritura: para escribir una página debimos haber leído 100. Ni una menos.” [2]

La literatura brinda magníficos recursos que pueden aportar una mayor claridad al lenguaje del periodista, por esto no es de extrañar que algunos grandes narradores primero hayan sido periodistas y luego escritores. Es el caso de Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Vicente Leñero o el propio Eloy Martínez. Precisamente García Márquez (premio nobel de literatura), inició una fundación para renovar el periodismo en Latinoamérica y volverlo más humano, más subjetivo y narrativo. Este esfuerzo lleva por nombre: Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI). En su discurso Periodismo, el mejor oficio del mundo, donde sienta las bases de la FNPI, García Márquez menciona: “El sustento vital del periodismo es la creatividad, y por tanto requiere por lo menos una valoración semejante a la de los artistas”[3]

El periodismo es una actividad sin bases teóricas, nace de la práctica y la necesidad de información, sin embargo lleva en sí mismo la causa de su mal, pues al nutrirse de la actualidad rápidamente da paso a eventos más recientes, dejando muchas veces inconclusos temas de gran importancia. Como lo indica el mismo Kapuscinski en La guerra del futbol: “Nuestra profesión recuerda el trabajo del panadero: sus bollos conservan el sabor mientras están calientes y recién hechos; a los dos días, se vuelven duros como una pierda, y a la semana cuando se cubren de moho, ya no sirven sino para ser arrojados al basurero.” [4] Pero los textos periodísticos pueden fungir como una denuncia, como un documento de memoria, en el cual se asiente no solamente un relato o una crónica, sino un análisis del evento narrado y de la importancia del mismo. Este tipo de literatura puede llegar a tener un valor académico, pues sin las ataduras de una disciplina formal, el periodista se convierte testigo y rapsoda de la actualidad y el pasado.

Gabriel García Márquez. Obtenida de: biografiasyvidas.com


[1] Eloy Martínez T. Periodismo y narración. 26/10/2011.

[2] Kapuscinski R. Los cinco sentidos del periodista. México. 2003.

[3] García Márquez G. Yo no vine a decir un discurso. Literatura Mondadori. México 2010.

[4] Kapuscinski R. La guerra del fútbol. Barcelona 2008.

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Desgajando el morbo

Obtenida de: facebook.com/conamortuhija

El erotismo y el morbo son temas en la literatura sumamente atractivos para el público, aunque cuando una novela es clasificada como “erótica” se pre-supone que  se trata de un texto malo, cuya publicidad consiste en generar un efecto de escándalo entre los lectores. Sin duda, uno de los tópicos controversiales en este tipo de literatura es el incesto, en especial entre miembros de la familia nuclear como un padre y una hija. La novela ganadora de la primera edición del premio Lipp en Francia retoma este tipo de relación y la vuelve una novela en donde la belleza, el amor y el cuidado del lenguaje, son rasgos mucho más poderosos que el mero tema tratado. El libro es Con amor, tu hija del escritor mexicano Jorge Alberto Gudiño Hernández.

La novela trata de un escritor de avanzada edad que descubre que el amor entre su hija y él va más allá de lo filial; debatiéndose entre el deseo y el pudor, el protagonista va recordando su propia historia y la de su hija, además de la forma en que el éxito editorial lo distanció de su familia, convirtiéndolo en una especie de ermitaño seductor. La aparición de su hija y una amiga, harán que cuestione su base moral para desatar emociones desconocidas para él.

Con descripciones tendientes a los visual, y un manejo del lenguaje pulcro y dinámico, Gudiño Hernández logra tejer una historia que se deshace del morbo y el sexo, para plantear los temas de la felicidad y la belleza como ejes de la historia, pues el personaje principal del libro, trata de descubrir la alegría en el amor hacia su hija.

Con amor, tu hija ha generado polémica, en especial en la página de Facebook creada para promocionar la novela. Sin embargo, los comentarios puritanos suelen ser emitidos por personas que no la han leído y se escandaliza solamente por el tema. A pesar de volverse por momentos árida, y de faltarle un poco de credibilidad a las voz de Emily (la co-protagonista) Con amor, tu hija es una novela bien lograda que se disfruta tanto por la sensualidad de la historia, como por la narrativa del autor.

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La condena de los símbolos

A través de una ironía latente en cada una de sus obras y sin miedo a llamarnos estúpidos, Joaquín Segura, un artista mexicano de 31 años, ha montado en la Sala de Arte Público Siqueiros (SAPS) su exposición: Poéticas del deshonor; una serie de instalaciones que enfrentan al espectador con una reformulación del constante bombardeo mediático al que estamos expuestos, pues la avalancha de símbolos impuestos a través de la historia y la publicidad han desvirtuado hasta el ridículo nuestro presente. El canon artístico, la historia tradicional y fatalista de los “vencedores”, los símbolos de la paz y los buenos valores, son el objeto de burla de este artista que se desentiende de las formas y los modales para transgredir los valores del hombre común.

El ejercicio de reflexión que propone Segura es descontextualizar los símbolos arraigados en nuestra mente, olvidar que las cosas significan algo y reconfigurar en una sala de arte, las definiciones impuestas por la repetición ad nauseam de los mismos argumentos de siempre. Así, Segura abre su exposición con la figura 40 del manual de guerra de los marines estadounidenses… cómo matar a una persona en dos minutos a través de un corte en la muñeca; justo a un lado podemos observar a una paloma “de la paz” con el seguro de una granada en el pico. No es ocioso decir que la paloma es la única ave que picotea a su presa hasta matarla en lugar de morderla y darle una muerte instantánea ¿Por qué entonces es nuestro símbolo predilecto de la reconciliación?.

Podemos también mirar la ampliación de una caricatura racista a manera de denuncia social contra el movimiento WASP (White, Anglo-Saxon and Protestant); así como la instalación de los materiales necesarios para hacer napalm colocados con plena inocencia y colorido justo en medio de la sala, pues son elementos que se pueden encontrar en cualquier casa como vasos de unicel o gasolina.

A manera de desafío y agradecimiento, se encuentra también la ampliación del contrato que firmó la Sala de Arte Público Siqueiros con Joaquín Segura, en el que se establece la intención de la sala de propiciar el arte crítico e inteligente, aunque sea necesario recurrir al hurto de piezas de otros artistas; justo al lado de este manifiesto-contrato, podemos encontrar una laminilla robada de una presentación del artista mexicano (y gran consentido de la academia) Gabriel Orozco. Joaquín Segura coloca como un trofeo esta lamina minúscula que simboliza su desprecio por la institución y el esnobismo artístico.

Segura centra gran parte de la crítica de su obra contra el autoritarismo; si bien se distingue un repudio por el modo de vida estadounidense, también es sumamente crítico con los gobiernos dictatoriales de otros países. Fiel reflejo de lo anterior son sus calcomanías de I LOVE … que retomando el afamado aforismo I LOVE NEW YORK, presenta una suerte de macabra parodia al sustituir el nombre de la ciudad por el de Goebbels, Qadaffi, Pol Pot o Duvalier.

La imposibilidad de clasificar a Joaquín Segura dentro de una sola categoría artística está patente en la evidencia visual de un performance, realizado en el Parque Fundidora de la ciudad de Monterrey; en el cual se observa a Segura ondeando una bandera a modo de revolucionario francés, con la salvedad de que la bandera contiene el emblema y los colores de la cadena de tiendas OXXO; así como en su escultura-instalación en la que rindiéndole “homenaje” a la batalla de Iwo Jima, compone por medio de hamburguesas plastificadas de Mac Donalds y sus envoltorios, una suerte de monumento coronado por la bandera gringa.

La poderosa critica y acidez que presenta Segura en cada una de sus obras es imposible de transmitir por medio de palabras; los colores, las texturas y la distribución espacial dentro de una sala relativamente pequeña, hacen de Poéticas del deshonor un choque intelectual incómodo, que remueve al espectador hasta hacerlo cuestionarse y no permanecer indiferente ante la obra, sea ésta plástica, dramática o (como es el caso de Joaquín) simplemente posmoderna.

Poéticas del deshonor es la prueba artística de que la denuncia social debe encontrar nuevos caminos para la expresión, que muevan a la concientización personal y de las costumbres del ciudadano de a pie, así como el análisis del consumismo y la estética banal de nuestro vecino del norte y de la violencia como vehículo de los gobiernos actuales.

La SAPS, que hace el notable empeño de promover obras sumamente transgresoras y críticas, está ubicada en la calle de Tres Picos #29, colonia Polanco; sin embargo la obra de Segura se expuso hasta el día de hoy, domingo 9 de octubre de 2011.

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