Muchas veces las grandes obras literarias nos exigen un gran esfuerzo intelectual y mental superlativo. Pueden ser aquellas novelas de las que no nos interesa mucho saber el final, sino que cada párrafo, cada capítulo, nos significa un enorme gozo y un estímulo emotivo y psicológico; sin dejar, claro, de sentirnos atraídos por la historia y sus consecuencias. Algunas de las novelas de Mario Vargas Llosa entran sin duda en este tipo de libros. Sagaces, interesantes, difíciles y con un derroche de estilo y poder narrativo impresionante. Esta vez quisiera destacar (sin conocer aún toda su obra) una novela magnífica e intensa, se trata de Conversación en La Catedral.
En esta novela, Vargas Llosa nos mete de lleno en el Perú de finales de los años 40′s y principios de los 50′s a través de la vida de numerosos personajes memorables, que viven en un país gobernado por militares, donde el bien común va de la mano con la represión y la alienación política. Gracias a sus acciones, pleitos, negocios y decisiones, vemos como cada vez tienden más a la resignación de tener una vida impuesta y fuera de su control.
Una plática entre dos viejos conocidos nos va revelando, con el pasar de las copas, la vida que han llevado y a las personas que formaron parte de las mismas, cada una, desde luego, con una historia propia.
Dentro de los personajes que van contando y desgranando su historia a tiempos perdidos encontramos a la familia Zavala, del barrio burgués de Miraflores, a Ambrosio y Amalia, una pareja de sirvientes, a Hortensia “la musa”, una cantante y vedette en debacle e incluso al ministro de gobierno durante varios años de la dictadura militar en Perú: Cayo Bermúdez.
Aunque la novela retrata con gran precisión cómo se vivía durante el ochenio del general Odría, y por tanto tiene tintes sumamente políticos y críticos, es por otra parte una historia sumamente humana, donde cada personaje tiene un peso específico, y nos vamos dando cuenta cómo tienden a la tristeza y muchas veces al sinsentido, tan común en nosotros que nos olvidamos de expresarlo en la literatura. A veces no conocemos nuestros motivos o razones, actuamos y a veces no tenemos campo para movernos… A veces no nos queda más que irnos muriendo de a poco.
Conversación en La Catedral es un libro largo, si bien está contado con una prosa muy ágil, la estructura lo vuelve complicado, y se requiere de paciencia para disfrutar y unir las múltiples temporalidades que pueden ocurrir en tan sólo dos líneas. Entre sus defectos podemos contar que parece que no acaba de cerrar completamente las historias, y el hilo conductor se puede ir perdiendo a lo largo de las páginas. Sin embargo es una excelente novela tanto en forma como en fondo. La historia y la técnica se unen para dar lugar a un libro si bien complejo también de una enorme calidad. Una novela que siempre se puede recordar con satisfacción y dificilmente se podrá olvidar.


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Sumamente de acuerdo. Excelente aporte.